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La Ética platónica

Pequeño resumen de las ideas fundamentales de la ética platónica.

El modelo de estado

Platón busca un modelo de Estado que produzcahombres “buenos”, justos y virtuosos. Sólo es un estado justo pueden evitarse injusticias como la de la muerte de Sócrates. Por eso la ética está directamente relacionada con la política, y no se puede pensar la una sin la otra. El hombre bueno, contribuye al bien del estado, y el Estado ideal produce hombres buenos. La relación entre ambos es recíproca:

Ética <=> Política

La justicia se convierte, en consecuencia en la virtud fundamental de la Ética y de la Política. La justicia hace al hombre virtuoso, y al Estado perfecto. Por eso es necesario encontrar una definición de justicia universal, válida para todo hombre, para todo Estado, en todo momento y en todo lugar. Esto es lo que intenta Platón en “La República”, donde Sócrates discute con Telémaco y Glaucón. La discusión es muy actual. Los dos sofistas defienden:

  1. La justicia es el dominio del más fuerte. Esta tesis será defendida por Marx en el siglo XIX, y en la actualidad sigue habiendo autores que afirman que la ley es un instrumento de dominación de los poderosos sobre los débiles (por ejemplo M. Foucault, “Vigilar y Castigar”). Es un pensamiento arraigado en los más desfavorecidos, que miran con desconfianza a todo el aparato legal y político.
  2. El injusto es más feliz, porque logra más poder y placer que el que se ajusta a la moral. Desde este punto de vista, el comportamiento moral será siempre represor, “castrador” de los verdaderos deseos del hombre. Esta idea será recuperada en cierta forma por Nietzsche en su crítica a la moral, y está presente también en nuestros días, en muchos de los llamados autores posmodernos.

Para responder a estas dos tesis, Platón se vuelve a la naturaleza humana. Trata de encontrar una concepción del ser humano que exija una moral en condiciones. SI el ser humano es sólo un atajo de impulsos, parece que la moral será siempre una represión, tal y como defienden los sofistas. Sin embargo, para Platón el hombre es algo más que impulso, algo más que deseo. Platón descubre tres partes del alma humana, y a cada una de ellas irá asociada una virtud.

  1. Alma racional: situada en la cabeza, sería la encargada del conocimiento de las cosas y del pensamiento. Su virtud sería la sabiduría o la prudencia.
  2. Alma irascible: situada en el tórax, se ocupa de dominar las pasiones y su virtud específica sería la fortaleza. El sujeto debe controlar tanto su odio como su amor hacia los demás.
  3. Alma concupiscible: se encontraría en el abdomen o en el bajo vientre, y su función sería el dominio de los impulsos o dominio de sí. La virtud que le es propia es la templanza o la moderación.

Entre estas tres partes del alma debe existir armonía y justicia. Si el alma racional, siendo prudente, guía a la parte irascible, que deberá ser valerosa, y ambas dominan al alma concupiscible que deberá ser atemperada, el hombre será armonioso y justo, y eso contribuirá a crear un Estado armonioso y justo.

La virtud platónica presenta así diferentes caras:

  1. Sabiduría: el sabio es virtuoso. Esto está directamente relacionado con el intelectualismo moral de Sócrates, y ataca el relativismo de los sofistas.
  2. Purificación: el hombre debe purificar su alma de las pasiones y desprenderse del cuerpo. Se valora más el alma que el cuerpo, y el sujeto debe ser capaz de controlar en todo momento sus impulsos y sus sentimientos pasionales.
  3. Armonía, justicia.

Todo esto conduce a la Utopía platónica, un Estado ideal en el que no es posible ningún tipo de injusticia. Será un Estado formado por tres clases sociales, que se corresponderán con una parte del alma y a su vez con una virtud moral:

Clase social

Parte del alma

Virtud moral

Gobernantes

Alma Racional

Prudencia, sabiduría

Guardianes

Alma Irascible

Fortaleza, valor

Productores

Alma Concupiscible

Templanza

La República de Platón

Podemos caracterizar la República que nos propone Platón de la siguiente manera:

En primer lugar, deben gobernar los sabios, los que están preparados para ello. Si para asuntos ordinarios buscamos al especialista, más aún hemos de hacerlo cuando se trata de gobernar la ciudad. Los gobernantes deben ser educados para ello desde su infancia, y no se les permitirá tener propiedad privada, ni casa, ni familia, pues de lo contrario podrían verse tentados de gobernar la ciudad en su beneficio personal.

En segundo lugar, los guardianes (defensores de la ciudad, guerreros) deben ser valerosos y fuertes, pues han de estar dispuestos a luchar y proteger a la ciudad. Tampoco les estará permitida la propiedad privada ni el tener familia.

Por último, los productores, serían los encargados de que la ciudad esté bien provista de todo. Serían tanto agricultores y ganaderos, como artesanos y especialistas. Estos han de encargarse de que a los gobernantes y los guardianes no les falte nada material. Sólo los que pertenecen a esta clase social pueden tener familia, y una mínima propiedad privada.

Por supuesto, entre las tres clases sociales debe darse una armonía y una justicia, de forma que ninguna de las clases sociales tenga motivos para ir contra la ciudad. Si nos damos cuenta, el poder político es entendido por Platón más como un servicio a la ciudad (exige muchas renuncias, y no tiene tantos privilegios como en la actualidad) que como una relación de dominación respecto a los productores, y lo mismo se puede decir respecto a los guardianes. El poder político y militar no tendrían ventajas exclusivas respecto al resto de la sociedad, sino que estarían al servicio de la misma. La motivación para ser gobernante o guardián nunca podría ser el enriquecimiento personal, sino el afán de hacer progresar a la ciudad, de servir a sus ciudadanos.

De entre los hijos de los productores, la educación ha de seleccionar a aquellos que en el futuro servirán de gobernantes, guardianes y productores según sus capacidades. La educación deberá por tanto detectar cuáles son las capacidades de los alumnos, para orientar su educación hacia aquella actividad que desempeñarán en el futuro. En este sentido la educación es la base del Estado, y sin ella no estaría garantizada la supervivencia de la ciudad. El papel de la educación dentro del sistema platónico es fundamental. Es la base de la ciudad presente y la garantía de la ciudad del mañana.

El sistema platónico propone un cierto comunismo, que exige de los gobernantes y guardianes un fuerte compromiso y sacrificio por el resto de la sociedad. Su renuncia a la propiedad privada y la familia garantiza que las decisiones estarán tomadas siempre en beneficio de la ciudad. El gobierno platónico sería de tipo aristocrático. Sin embargo, la aristocracia defendida por Platón está basada en la sabiduría y no en la sangre. El gobernante no lo es por su ascendencia, sino por su sabiduría, por sus demostradas capacidades para dirigir el curso de la ciudad.