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Asilo político

¿Cómo interpretar el derecho al asilo?

El artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma:

  1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.
  2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

El artículo reconoce el derecho al asilo político, algo que en la realidad suele despertar una controversia muy notable. Las posiciones de cada cual suelen variar en función de quién sea el perseguido, quién el perseguidor y cuál sea el motivo de la persecución. Por si esto fuera poco, el derecho reconocido en este artículo suele entrometerse en procesos tan delicados como las extradiciones.

La aplicación de este artículo está muy expuesta a la interpretación ideológica. Para empezar, el propio concepto de asilo político es susceptible de crear una división más que cuestionable: o se pertenece a cierta clase o casta social o no hay opción. En ciertos conflictos de carácter internacional no es lo mismo ser refugiado que optar al asilo político. Parece que tener cierta formación, pertenecer a un partido, sindicato o asociación o lograr la calificación de "artista" o "intelectual" implicara un mayor derecho: no es lo mismo ser refugiado que exiliado. Las masas de seres humanos que huyen de las guerras no parecen tener el mismo estatus que los que, sufriendo la misma persecución dedican su vida a fines presuntamente más nobles. De esta manera, el artículo abre la puerta a una discriminación que, no por ser ejercida lejos de nuestras casas, ha de ser ignorada. El derecho de asilo se concreta en ocasiones en una especie de sálvesa quien pueda, en el que cada cual ofrece sus mejores argumentos, y los países de acogida parecen los reyes de un peculiar mercado humano.

No es esta la única cuestión que rodea a este delicado artículo. El color del gobierno de turno determinará de una manera decisiva quién puede optar al asilo y quién no. Lo cual no es compatible con el artículo, que no concreta qué tipo de persecución se ha de sufrir. Estamos acostumbrados a añadir el adjetivo "política", sin darnos cuenta de que hay otras como la económica de la que no solemos percatarnos. Ciertos exiliados políticos pueden dar caché al país, además de cierto rédito político, independientemente de las condiciones en las que se ofrezca ese asilo, que puede convertirse en una cuestión de imagen. Algo que se nos puede volver en contra cuando quien solicita asilo en el exterior es cualquiera de los delincuentes patrios: según el delito de que se trate, no es difícil encontrar casos de quienes viven apaciblemente en otros países, manteniendo cuentas pendientes en el propio. Este artículo de la declaración debería verse acompañado de medidas internacionales efectivas: tribunales internacionales con legitimidad reconocida, así como medidas sancionadoras a los gobiernos que están detrás de la persecución. Mientras esto no sea así, no será más que una declaración de buenas intenciones, sometidas al arbitrio y al juego de intereses de cada gobierno.

El asilo es un espacio inviolable, el santuario que reclamaba Quasimodo de Notre Dame. También un asilo es ese lugar en el que se acumulan huérfanos, viejos y desheredados para evitarnos el lamentable espectáculo de la visión tenebrosa o por piedad de dios. Asilo huele ahí a Dickens, a patata hervida y orines.Un asilo así es un "silo" de almas tristes y se parece a los campamentos de refugiados en los que se congregan los perseguidos para morir en compañía de los medios. Ni que decir tiene que si tuviera que mostrar a invitados extraterrestres el sentido del derecho de asilo narraría la historia de Quasimodo. El derecho al que aludes - declaración de intenciones que exigiría para hacerse real la intervención de la milicia (¿podemos confiar en la civilidad después del brote psicótico de los mercados?) - supongo que idealmente apunta a esa vieja idea del Jorobado de Notre Dame: hay espacios en los que hasta la más deforme de las criaturas o las bellas gitanas perseguidas por la lujuria de los DSK pueden encontrar santuario. Circunscribir ese derecho al orden de la persecución política es cuestionable, ya porque nos olvidamos de la persecución estructural o económica o social y, por otra parte, perdida la virginidad, sabemos que calificar de "político" a algo nada significa en principio en lo relativo a la pureza. El derecho de asilo es el derecho mismo como carta de triunfo y, en espíritu de humanidad (¡ostras!), todo bicho viviente (hasta los hítleres) tiene derecho a su lugar de asilo, de ocultación. El rincón del arrepentimiento. ¿Podría considerarse el tribunal internacional como espacio de asilo para los verdugos?. Los derechos humanos son difíciles...

“Los derechos humanos son difíciles…”. Efectivamente se sobreentiende; “la definición de derechos humanos es difícil”. Ante la imposibilidad de encontrar un fundamento absoluto, que defina los derechos “a priori”, solo queda, la búsqueda de los medios para hacer “más razonable”, la vida social: “ayudarnos a vivir mejor haciendo más justa la sociedad”, no pretendiendo definir lo “justo” sino como “aquello que podemos razonar con argumentos universalmente comprensibles. Los comentarios de Miguel este curso me parecen muy interesantes. Saludos.