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Cinco grandes falacias para la política

Algunos de los engaños que rodean a la cosa pública

Las falacias eran antes uno de los temas característicos de la asignatura de Filosofía. La última reforma, expandiendo el aroma a "ciudadanía" eliminó la lógica del currículum, y las falacias (al igual que las paradojas) han quedado en una especie de "limbo académico": si se explican es más por "voluntarismo" docente que por recomendaciones legales. No se sabe si acaso será esto una maniobra política, para que los ciudadanos sean "buenos" (en el sentido de "dóciles") y no se den cuenta de la cantidad de falacias que circulan por nuestro parlamento. Aquí van algunas de ellas:

  1. Falacia ad hominem: consiste en descalificar o insultar al oponente. Lo más patético del caso es que este tipo de falacia suele ser aplaudida por los compañeros de partido. Mal asunto: aquellos que aplauden son todavía más necios que los que han de recurrir al insulto como único recurso argumentativo.
  2. Argumento de autoridad: establece la verdad de la tesis defendida por los conocimientos que posee quien lo defiende. La cantidad de asuntos que se resuelven apelando "a los expertos", produce estupor: desde el aborto hasta la tauromaquia, pasando por la política económica. Lo que no parece estimarse es que siempre será posible encontrar "expertos" que defiendan la tesis opuesta.
  3. Argumento ad baculum: el argumento de la fuerza parece lo más antidemocrático posible, pero también tienen su versión política. Algunos ejemplos: las decisiones políticas en parlamentos con mayoría absoluta o el recurso al decreto-ley al que recientemente se ha visto obligado más de un gobierno.
  4. Falacia ad populum: la sociedad o "el pueblo" sólo tiene razón cuando a los políticos les interesa y a menudo argumentan trasladando a la sociedad que representan sus propias ideas. Defendiendo propuestas contrapuestas, todos pretenden ser los abanderados de los intereses del pueblo.
  5. Falacia ad nauseam: apela a los sentimientos y las emociones y a la repetición de lemas que no aportan razones y se dirigen a la parte pasional del ser humano. Abundan, fundamentalmente, en la campaña electoral, con promesas que nos presentan un futuro idílico. Igual da prometer pleno empleo y subida de pensiones, que hablar del futuro de los niños. Todo será verdad, siempre y cuando no se razone demasiado y se repita el mensaje hasta la náusea.

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Cierto que el discurso de la opinión pública es muy deficiente. Pero la teoria de las falacias que subyace en tu post está equivocada. Los esquemas de razonamiento que mencionas pueden tener usos falaces pero también otros perfectamente plausibles. No votaría a Camps porque me parece corruptible (ad hominem). Si no modifican la politica laboral haremos huelga (ad baculum). El médico me ha dicho que me tengo que operar y he pedido hora al cirujano (ad verecundiam, de autoridad), la gente dice que para visitar al cabo de Gata la mejor época es primavera por tanto ire entonces(ad populum). O sea, que más Hamblin y más Walton. Saludos.

¡Hola Jordi! Gracias por tu comentario. Creo que los ejemplos que pones no son argumentos que se expresen en un foro político. Más bien se trata de decisiones que pueden estar fundadas (o no) en motivos que pretenden ser racionales. Y si analizáramos cada caso, podríamos descubrir que, por así decirlo, la realidad da suficientes motivos para decidir la acción que sugieres. Tomemos el caso del cirujano: si decidimos acudir a uno es porque pensamos que la medicina convencional y las prácticas asociadas a la misma ofrecen más garantías que otro tipo de prácticas. Y podemos discutir la delgada línea que separa la medicina de las medicinas alternativas, pero de la sanación a la cirugía va un abismo. No creo que haya un argumento de autoridad subyacente y aunque la decisión pueda implicar, en último término, un "acto de fe" hay motivos para acudir al cirujano. Sin embargo, en los ejemplos que sugería en la anotación se trata de problemas morales o políticos que se pretenden reconducir (de manera interesada) hacia asuntos "de especialistas". A mi entender algo parecido se podría decir del resto de ejemplos: no termino de ver que estés empleando argumentos falaces, aunque habría que matizar en cada caso. En lo que sí estoy de acuerdo es en algo que a mi entender subyace en tu comentario (y corrígeme si me equivoco): sería prácticamente imposible hablar, decidir y actuar de modo absolutamente lógico. Aún así, entiendo que la crítica al uso político del lenguaje sigue siendo válida (y este es otro punto de coincidencia...) ¡Saludos!

Miguel: Lo que prentendia era hacer hincapié en que la lógica informal puede ayudarnos a aumentar nuestra racionalidad, y que la teoria de las falacias que se acostumbra a explicar es deficiente. Sobre el lenguaje de la opinión pública me parece más interesante aplicar las aportaiones de la lógica informal y del análisis del discurso. Saludos