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El autor y su obra

Entre la admiración, la identificación y la crítica · Filosofía


A menudo suele ocurrir que, sea cual sea la actividad a la que nos dedicamos, somos seguidores o entusiastas defensores de las ideas, poemas, canciones, cuadros… de cualquier otra persona. Quizá un admirador de Picasso no salte tan enloquecido antes sus obras del periodo azul como lo hacen algunas enloquecidas adolescentes ante sus ídolos, pero qué duda cabe que también en el mundo de la cultura se establecen filias, fobias, simpatías y odios. Lo intelectual se va entrelazando con lo personal, con aspectos más íntimos y subjetivos, que quizás no siempre responden a las expectativas creadas: y es que cuando leemos, escuchamos música o contemplamos obras de arte solemos hacer algo muy peculiar. Incluir en todo esto un componente afectivo, que quizás nada tenga que ver con lo que estamos leyendo o escuchando. La emoción y el sentimiento siempre acompañan a cualquier acto intelectivo.

Y es que puede uno leer a Heidegger, por ejemplo, y encontrar en él ideas tan lúcidas que son incompatibles con su defensa del nazismo. ¿Cómo es posible que una mente capaz de escribir Ser y tiempo pudiera estar convencido de ideas tan absurdas como las que se extendieron por Alemania a comienzos del siglo XX? Por eso, a menudo es mejor quedarse con la obra, disfrutar con ella y olvidarse que tiene un padre (o una madre) con una vida que, en lo esencial, será bastante parcida a la nuestra, con sus deseos, frustraciones, éxitos, fracasos… No es bueno descubrir los puntos oscuros en la vida de todos aquellos cuya obra compartimos, pues las consecuencias serán, en casi todos los casos, negativas: a la decepción personal se le unirá, probablemente, un alejamiento respecto a todo aquello que antes nos hacía vibrar.

El autor y su obra, la vida personal y la profesional. El decir (pensar, crear inventar…) y el hacer, el vivir, que no siempre tienen por qué estar bien relacionados: el contraste de leer a Rousseau, inspirados de tantos y tantos pedagogos, y saber que jamás se preocupó por educar a su prole. Reir con Chaplin, y saber que no hizo reir a quienes convivían con él. Y a veces me pregunto si acaso no será merecido el castigo del olvido y el rechazo, para todos aquellos que supieron vivir como predicaron, para tantos genios en sus artes y ciencias que fueron incapaces de llevar esa genialidad (o simplemente de ser normales) en sus vidas cotidianas. Si acaso es tan fácil separar la vida de la obra, olvidar al padre, y quedarnos con la hija. Poder escuchar a Silvio o a Pablo Milanés cantándole a la libertad, olvidando que niegan los límites que ésta tiene en su país… Y luego esta otra pregunta, aún más peliaguda: ¿podríamos soportar cada uno de nosotros semejante juicio?

§ | Miguel | 26/Sep/2005 | 15:55 | Añadir comentario |

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6 comentarios a “El autor y su obra”

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Pues a mí me pasa precisamente lo contrario. Me encanta saber las debilidades de los genios. Eso les humaniza. ¿Son contradictorios? Como todo el mundo. La solución no es ocultar los hechos sino asumirlos como parte de esa persona. Todos hemos hecho cosas bonitas y otras más feas, y por supuesto nadie resistiría semejante juicio.

Yo entiendo mejor la obra cuando conozco la vida del autor/a. Y si no hay “puntos negros” sospecho de censura encubierta. Así fue como supe lo que había pasado con la primera mujer de Einstein. Magnífico científico, esposo decepcionante.

§1 | Conchi | 27/09/2005 | 14:06

No sé si siempre la vida nos ayuda a entender mejor al autor. Tomando el ejemplo de Rousseau, no creo que saber de su prolífica vida y de su despreocupación por todos sus hijos nos ayude a entender el Emilio. O que las tendencias en favor de los nazis de Heidegger nos aclaren la lectura de Ser y tiempo…

Y por otro lado, yo no estoy tan seguro de que nadie resistiría ese juicio. Existen “buenas personas”, así, a secas, que podrían dar mil vueltas a algunos de los que han escrito largos y enjundiosos tratados sobre ética.

§2 | Miguel | 27/09/2005 | 17:18

me parece muy bueno este articulo por la facilidad y el amor con que lo escribieron

§3 | tania | 27/09/2005 | 21:25

Pongamos, por ejemplo, a Schopenhauer. La misoginia de Schopenhauer. Mucha gente ha creado y creará el prejuicio que hará imposible su lectura o más bien su acercamiento. Allá ellos, si no saben distinguir la paja del grano. Desde luego, a mí esa circunstancia me da exactamente igual, pues no es relevante para comprender El mundo como voluntad y representación, por ejemplo. Ni siquiera El amor, las mujeres y la muerte, ya que en todo caso, y en lo que toca a las mujeres, no es más que un fragmento de la representación del mundo que, en el siglo XIX, ni las más feministas se atrevían a rebatir. En la actualidad, nuestra representación del mundo es completamente distinta, ya no describimos a las mujeres como animales, por tanto, si esa misoginia no fue relevante en sus escritos, ¿por qué va a serlo ahora? Otra cosa es que sí lo hubiese sido, pero en ese caso Schopenhauer no habría pasado a la historia del pensamiento.

De la misma forma que Heidegger si hubiese simpatizado con las atrocidades de los nazis.

Enigmas son, desde luego, pero ni explican sus obras ni les cambian su valor.

§4 | asklepios | 27/09/2005 | 23:04

Bueno, son diferentes formas de verlo. Yo sigo opinando igual. Prefiero saber esas cosas. En el caso de Schopenhauer, y teniendo en cuenta que el feminismo nació en el S. XVIII, me temo que las feministas sí se atrevían a rebatirle, a él y a los que opinaban así. Menos mal que, por otro lado, estaban personas como Condorcet o John Stuart Mill.

Aunque los libros de historia traten de simplificar las cosas, lo cierto es que en todas las épocas ha habido variedad de opiniones, aunque unas se impusiesen sobre otras. Es como el racismo de Aristóteles. La época se prestaba a ello, pero Platón en esa cuestión fue avanzado, y eso que había sido su maestro. Estos temas son difíciles, no todo es blanco o negro.

Creo que hay que valorar la obra en su justa medida. Si vale, vale. Pero también se puede valorar si era incongruente. Quizás no a nivel académico, pero sí a nivel moral.

§5 | Conchi | 28/09/2005 | 00:42

Buah, pensando en esto se me ha ocurrido un ejemplo que…, me vais a echar del blog. Estaba yo pensando que no se le puede transmitir a los alumnos que los genios, o la gente que destaca, son intocables a nivel moral. Y claro, como en nuestra época los santones son los famosos, me acordé de Farruquito. No sigo porque me echáis fijo… (Perdón). Sé que es mal ejemplo, pero la justicia es para todos.

§6 | Conchi | 28/09/2005 | 00:47

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