¿Nos divertimos cuando nos divertimos? · Actualidad
Algún lector avispado, seguro que se ha dado cuenta de que la semana pasada hubi cierto desfase en la hora de publicación “habitual” de estas anotaciones (todavía lo podéis ver echando un vistazo a la parte de abajo de esta bitácora). El retraso no se ha debido a la cantidad de trabajo, sino a las fiestas de Valladolid, que incluyeron un concurso de estatuas humanas sobre el que quizás escribamos algo en los próximos días. Las ferias de la ciudad son siempre un asunto controvertido, sobre el que se vierten innumerables opiniones: desde las fechas en que se celebran, pasando por las actividades, los conciertos, el horario… Es como una prueba de fuego para el equipo del Ayuntamiento. Si despertaran el mismo interés otros problemas de la ciudad, probablemente nos iría un poco mejor. Pero hoy no quiero hablar de eso. Hoy quiero plantear una pregunta sencilla: ¿qué es “divertirse”?
El pasado mes de mayo, hubo una fuerte polémica, porque el Ayuntamiento aprobó una normativa sobre el comportamiento cívico en la ciudad, que recibió el título de “bando antivandalismo”. Los partidos de la oposición protestaron, pues pensaban que dicho bando era un intento de limitar ciertos derechos y libertades. Antes de las fiestas, se planteó qué iba a pasar si se aplicaba a rajatabla dicha normativa, y la respuesta del Ayuntamiento fue que durante estos días la policía sería más permisiva. A fin de cuentas, debemos ser comprensivos. Esto, a la larga, se ha convertido para algunos en un permiso oficial para tomar la ciudad y hacer lo que les venga en gana: emborracharse en plena calle, orinar, gritar, tirarse “calimocho” unos a otros… Lo cual ha despertado el rechazo de más de uno.
Prefiero no entrar a valorar la polémica ni tomar partido en el asunto (generalmente intento hacerlo cuando escribo aquí). Sin embargo me asaltan unas cuantas preguntas: ¿realmente es divertido andar en grupo por la ciudad con carros llenos de “bidones” de calimocho? Los que se comportan así, ¿serían capaces de hacerlo en solitario? ¿Cuántas veces participan de este tipo de diversiones forzados (por los amigos, por el ambiente, por la publicidad, por ser uno más del grupo y no un bicho raro…) y cuántas realmente desean vomitar, subirse a las farolas, o mear en la calle más céntrica de la ciudad mientras otro compañero de la “peña” le ducha de “calimocho” para intentar disimular? ¿Nos divertimos de un modo destructivo? ¿Es eso realmente divertido? ¿Es divertido al día siguiente, cuando se siente el malestar general o quedan los “desechos” de tanta diversión acumulada? Entiendo perfectamente que son las fiestas de la ciudad (llevo viviéndolas ya unos añitos), pero, ¿significa eso que para que unos se diviertan tienen que padecer otros las consecuencias de dicha diversión?
P.D: por supuesto, las fiestas de la ciudad no sólo han sido eso. Echad un vistazo al enlace y podréis ver muchas más cosas. Pero el decorado de fondo que he descrito ha estado muy presente durante los diez días…
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5 comentarios a “Fiesta y diversión”
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Sí, es triste confundir “diversión” con “ruptura de normas”. Posiblemente sea de muy antiguo, como la “Fiesta del Asno”, pero ya tendría que estar superada esta relación entre diversión - burla - ruptura de las normas.
Claro que tiene su parte de diversión, una parte que será clara y diáfana para el que lo mire sin perjucios.. se trata de romper por un momento las normas, por un dia, por una noche, se trata de pasarlo bien con “calimocho” (las comillas son irónicas) o sin el.. tan bien como un adulto, alguien que puede permitirse beber un vino, una cerveza, un vermut, lo que le guste, o varios, criticando esto y aquello rodeado de gente que sabe quién es el que habla y de qué habla… se trata de el único espacio que se le ha dejado a la juventud en una era en la que todo el mundo sabe de todo, en la que todo el mundo quiere decidir qué es lo mejor para los jóvenes y en la que esos jóvenes no pintan absolutamente nada.. cualquier cosa que ellos hagan será tachada de perversa… el modo de comportarse en las fiestas, no es muy diferente del de los adultos, es mucho más permisivo que el de los locos cerrados y obsesivos que pueblan las tascas, bares y tabernas de la españa profunda.. meen o no meen en las aceras, que puede resultarse escandaloso a cierta gente pero que no va más allá de eso.. de orinar donde no se debería.. pero.. porqué no se entiende eso tal y como lo que es.. una reacción natural, un HECHO cierto e incontestable, una actitud común sean las fiestas de Valladolid o Villajuela del Monte.. es decir, en vez de criticar, juzgar, decidir y administrar los valores de los jóvenes, ver qué es lo que realmente hacen con este sistema completa y absolutamente injusto que se han encontrado, que pretende hacer de ellos adultos de ojos cerrados, ovejas invisibles, soldados de la libre competencia, células obedientes de algo que no se explica nadie porque nadie, excepto la oligarquía, participa de ello.. y los jóvenes, como son jóvenes, reaccionarán siempre contra un sistema absurdo, porque ver por la televisión miles de anuncios de esto o de lo otro, puede adormecer la curiosidad hasta anularla, pero nunca acabará con la juventud, la rabia, el inconsciente colectivo de injusticia.. tal vez ayude a aumentar irremisiblemente el odio sin razón, la lucha sin enemigo, la rabia sin objeto, porque el objeto de esa rabia o de esa necesidad de cambio se OCULTA continuamente por el sistema, se escamotea, deslizándolo hasta el campo de lo tabú y dejando a la juventud sin raíces, sin sueños, sin verdades, sin valores y sin juicio. Pero, sin saberlo tal vez, ORINAN SOBRE EL SISTEMA IMPUESTO.
Dos puntualizaciones:
1) En toda la anotación no hablo ni una sola vez de los jóvenes. Los adultos no son, ni mucho menos, modelos a seguir en este sentido. La honda relación que hay en muchas culturas entre la fiesta y el consumo de alcohol no conoce de edades.
2) ¿Es mear en la calle una forma de mear en el sistema? Me atrevería a decir que el sistema (concepto difícil y confuso, ¿qué es en realidad el sistema?) prefiere que te mees en la calle a que te mees en él. A lo que llamas “sistema impuesto” le interesa generar una sociedad drogada antes que tener que soportar otras formas de crítica que podrían hacerle más daño…
Lo siento, me he desviado un poco de su artículo al escribir mi comentario. Pero realmente, creo que sí se refería a los jóvenes, no creo que muchos adultos anden “en grupo por la ciudad con carros llenos de bidones de calimocho”, ni tampoco haya demasiadas personas que pasados los 35 años “desean vomitar, subirse a las farolas, o mear en la calle más céntrica de la ciudad”.
De todas formas, reconozco una vez más que no iba dirigido a usted personalmente, era un poco de rabia en general por las contínuas críticas a la juventud, por la poca ayuda, comprensión y acercamiento que se hace a ellos por parte de los supuestamente adultos, a veces por envidia mal disimulada, miedo o desconocimiento de su realidad. Sólo se trata, en la mayoría de los casos, de que crezcan, cumplan con sus obligaciones y empiecen a producir lo antes posible.
Saludos.
Diego, no tienes que disculparte. ¿Qué diferencia hay entre lo de los bidones de los jóvenes y que los adultos (por “decencia”) se permitan hacer lo mismo en restaurantes más caros o en locales privados? Bajo mi punto de vista muy pocas.
Además, estoy completamente de acuerdo con tu crítica: la sociedad no da alternativas reales a los jóvenes y les empuja a este tipo de conductas. En el fondo, creo yo, se “vende” una imagen de crítica domesticada al sistema. A la sociedad no le importa que te fumes un porro o te emborraches, siempre que no ensucies la calle o no molestes a los vecinos. ¿Y los problemas de salud pública? ¿quién sufre, ya en la edad adulta, las consecuencias de estos hábitos fomentados desde la adolescencia? Es preferible quizás una masa de población dormida por el alcohol, que despierta por el pensamiento…
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