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Juguetes

Por qué los niños son cada vez menos niños
No es de extrañar que ahora los niños quieran estar muertos antes que ser sencillos. Yo, personalmente, preferiría vivir en una sociedad con niños más sencillos y menos muertos, pero eso ya es otra historia. Y digo que los niños están muertos, sí, por una sencilla razón: vivimos en una sociedad sin niños. No estoy pensando en el problema de la demografía o en la natalidad. Existen, efectivamente, unos cuantos millones de menores de edad. Algunos de ellos adolescentes. Y otros, los antes llamados niños, que cada vez me parecen más adultos prematuros. Me explico: ¿Cuántos de vosotros no se ha parado alguna vez ante un comportamiento "adulto" realizado por un (aparente) niño de ocho o diez años" La sociedad inculca una infancia sofisticada, que, en mi opinión, es la negación misma de la infancia. De siempre los niños han querido imitar a los adultos. Algunos de nuestros juegos infantiles consistían en reproducir en nuestro universo profesiones "de mayores". Sin embargo, había algo que nos aislaba de un modo abismal de ese mundo adulto: la inocencia y la ingenuidad. Ahora, cuando veo estos concursos organizados por el marketing, me da la sensación de que estamos construyendo adultos prematuros. Niños que desfilan por pasarelas como si tuvieran 20 años, que cantan, componen y dan conciertos, niños que despiertan cada vez antes a un mundo basado en la imagen y la superficialidad, en el consumismo de temporada y en las modas, en el sexo prefabricado y enlatado. Niños que ya no son niños, y que cada vez dejan antes de serlo. Nada es ya inocente o ingenuo, en la era en la que los países "civilizados" no venden los cuerpos de los niños, pero sí compran sus "almas", imponiendo unos modelos y patrones, calificables de muchos modos, pero no de "infantiles". O si no, hagamos la prueba. Echemos un vistazo al recibimiento de Barbie o dejémonos impresionar por Halo 2, la secuela de un "éxito de crítica y público" (literal, ahora son los videojuegos los que reciben este tipo de éxito). Que este tipo de juegos no son para niños, parece evidente. Tanto como que su mayor demanda reside, probablemente, en el público infantil y adolescente. No nos llevemos las manos a la cabeza cuando surgen después comportamientos inesperados. Cuando las niñas y los niños dejan de serlo es por una sociedad que les incita a ello, que tiene prisa porque ingresen en el mercado, y por inculcarles una serie de ideas en la cabeza. Que toda la máquina, la gran máquina siga funcionando. Aunque el precio sea alto (a mí al menos me lo parece). ¿Dónde están los juguetes" ¿En las estanterías de las tiendas" No sólo. Los juguetes son los niños, auténticas marionetas en manos de un mundo en el que la infancia tiene cada vez menos sentido...

En primer lugar, felicidades por esta estupenda bitácora, ha sido todo un descubrimiento para mí. Respecto a este artículo, estoy completamente de acuerdo. Me parece que vivimos en una época en la que los niños no son niños, y los adultos no son adultos. A los niños se les priva de la inocencia de la infancia, se les extirpa su capacidad de asombro ante el misterio que es la vida. En lugar de educarlos desde lo humano, de corazón a corazón, de boca a oído, se les coloca delante de la televisión actual, esa horrible sucesión de personajes sin principios y programas donde desfilan como si modelos a seguir se trataran los más esperpénticos, desgraciados y desgajados espíritus y al mismo tiempo se les sobreprotege de forma contradictoria ante un mundo violento que no se les ayuda a comprender realmente y desde la raíz. Y los adultos, temerosos de hacerse responsables de sus propios actos, nunca del todo independizados como seres humanos, no se acaban de atrever a vivir en este mar sin seguridades que tan pronto se ve agitado por una tempestad como invadido por la calma más repentina. Condicionados por una sociedad que no se acaba de encontrar a sí misma, que no reconoce ni al individuo ni a la colectividad, sino que se sumerge en individualismos y colectivismos, deshumanizando al ser humano. Niños a los que no se les deja ser niños, y adultos que no quieren ser adultos. ¿Cabe mayor desorden?

Pero es la historia de la vida. El lio lo tenemos los mayores, los que tenemos hijos, pues no es simple educar con valores y modelos que no interesan a estos niños hipermediatizados. La infancia se desintegra y se desvanece como ha ocurrido con el trabajo, el salario, el lugar de trabajo, el dinero y la educación académica tradicional. Si hay alguien que sepa de responsabilidades en esto que lo diga, yo cada vez descubro o me topo con más y más montañas de argumentos y contrargumentos para atacar o defender la vida moderna, la vida postmoderna... ¿o "transmoderna" como decía un amigo?

En mi opinión la vida moderna es muy especial, tanto en lo muy bueno como en lo muy malo. Por una parte, creo que un niño, en las sociedades tradicionales, crecía con mucha más salud anímica que los niños actuales. Por otra parte, los niños actuales no están tan fuertemente encauzados en un sistema de educación rígido. Pero, mirando la manifestación real de las cosas, parece que esta libertad no es nada beneficiosa para una gran mayoría de los niños en el sentido de que quedan desprotegidos y bombardeados por lo peor de esta sociedad en la que se ha dado la espalda a todo lo que implique principios morales y valores. Probablemente, la libertad tenga lo bueno de que un niño es mucho más capaz de hacer de sí lo que quiera que antes. Pero, ¿merece la pena? No lo sé, pero hay un dato que me da mucho que pensar, y es que en la vida moderna es en la que más problemas psicológicos hay. Lo bueno que tenían los sistemas tradicionales, pese a su rigidez y a todo lo negativo que se quiera ver desde la óptica moderna, es que en general aseguraban una estabilidad emocional para llevar una vida sustentada en principios. Los niños eran niños, y cuando llegaba la hora de crecer, crecían y asumían por lo general sus responsabilidades familiares, sociales, etc., lo que los hacía, creo yo, personas más felices que las actuales. Entiendo que todo esto es muy discutible, y no defiendo totalmente ni la vida tradicional ni la moderna. Pero, a modo de conclusión de estas reflexiones un tanto caóticas, creo firmemente que la vida moderna debería asumir aquello que hacía de la vida tradicional una vida en general más feliz y estable. Deberíamos tener en cuenta, ante todo, que la civilización occidental moderna no es la culminación de un "progreso" lineal, sino más bien una época de crisis que ha de abocar finalmente a algo. Pero ya me he ido lejísimos del tema, madre mía...

Mi hijo solo tiene tres años, procuro apartarle de la televisión. Pero el tiempo que tiene que jugar lo tiene que pasar con sus padres u otros adultos. No se relaciona con otros niños. En el momento de decidir si le escolarizarlo ya ha pesado mucho el hecho de que pueda convivir con niños de su edad. Pero en la escuela están totalmente supervisados por los profesores. Si ya de por sí los niños siempre tienden a imitarnos, en las ciudades, que imposibilitan que se relacionen libremente entre ellos, somos además su único modelo. Creo que tendrían que tener más oportunidades de mantener es ingenuidad de la que hablais durante más tiempo. pero, ¿cómo darles más libertad?.

bueno, yo creo que pasamos de ser una sociedad con valores más o menos homogéneos a una caótica babel de gustos e impulsos cuyo fin último es mover la máquina del comercio que es el que da trabajo, el que paga las cuentas, el que nos tiene inmovilizados en nuestras identidades cada día más inútiles y arcaicas (desde el punto de vista de los niños y jóvenes). El asunto creo que es la velocidad de los cambios que a la vez se debe a la desmaterialización de todas nuestras anclas y a una creciente pérdida de la inocencia, de chicos a grandes. No olvidemos que los niños son el reflejo de los padres... y de la televisión (que hacen otros grandes para ganarse el pan con el sudor de sus mouses).

Los niños son nuestro futuro y desgraciadamente, como sigamos por este camino el futuro está en peligro. Me refiero con ello a la conversión de los niños en verdaderos monstruitos, faltos de los verdaderos valores que los conviertan en PERSONAS: hoy nuestros niños pequeños, muy pequeños, tienen que saber de todo: inglés (cuando aun no controlan adecuadamente la gramatica de nuestra propia lengua),judo (como defensa personal, por si acaso), natación (para crecer mejor y fortalecerse fisicamente),informática (porque es el futuro) etc. Podría seguir con una larga lista de actividades para niños, para niños muy pequeños. No está mal que aprendan cosas que activen su mente y su cuerpo, el problema surge cuando nos quedamos ahí, cuando no nos damos cuenta o no queremos darnos cuenta que nuestras pequeñas personitas necesitan de nosotros, de los mayores, necesitan que le hablemos, que escuchemos como ha sido su día, que le expliquemos cosas que han visto y que sus cabecitas no logran entender. Creo que hoy callamos a nuestros pequeños con televisión, multitud de juguetes de todo tipo, actividades extras hasta el exceso,internet, y todo porque "no tenemos tiempo":el trabajo, las tareas diarias, las prisas... Aunque seguramente la verdadera realidad es que somos cobardes y vagos, porque EDUCAR es dificil, es la tarea más dificil que el ser humano tiene por delante, y como es dificil lo mejor es ignorarla,pasar de puntillas por su lado, ignorarla a costa de la felicidad futura de los pequeños y pequeñas de hoy. A cambio estamos pagando un alto precio: el resultado de una sociedad técnicamente muy cualificada, pero humanamente empobrecida por la falta de verdaderos valores. Lo que de carencia hay en la infancia se refleja en el futuro. y prueba de ello nos lo muestra el presente.Sabemos idiomas, manejamos ordenadores y otros caharros con gran precisión, tenemos cuerpos maravillosos y ropa adecuada, en grandes cantidades, para lucir ese cuerpo, pero no tenemos ni idea de cómo ser felices. Nuestros pequeños pueden gritar: "oye se os ha olvidado enseñarnos a ser felices y responsables". Todas sus habilidades técnicas y cualidades físicas, no les sirven para simplemente ser felices o estar bien con ellos mismos, por eso cada vez mas necesitan de psicólogos, pastillas, o pseudogrupos de dificil definición, para en un amargo y desesperado intento recuperar la infancia perdida. y de verdad que no estoy exagerando.

Aplaudo tu comentario, Mónica. Y lo suscribo al 100%. Este mundo, engalanado con la vana corona de las apariencias, agoniza. Hace falta Espíritu.