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Justicia y no venganza

De tiranos y terroristas y lo que el estado ha de hacer con ellos

En los tiempos que corren, es difícil tener que explicar en 4º de E.S.O. en qué consiste la democracia. Surgen problemas con una idea tan sencilla como la siguiente: en democracia se decide por medio de la palabra, y no por la fuerza. Al momento se discuten muchos ejemplos, recientes y no tanto, en los que los alumnos detectan que esto tiene algo de engaño y milonga. La política no sólo usa la palabra, sino que países que incluso presumen de democracia ante otros actúan imponiendo su fuerza. La muerte de Bin Laden es un caso claro: en lugar de poner al líder de Al Qaeda ante los tribunales, se tomó la decisión de matarlo. Lo mismo ha ocurrido con Gadafi, cuyo cadaver ha sido el más expuesto en los telediarios de toda la historia reciente. Y no es que sobraran las imágenes: lo que estaba de más era la acción misma de ejecutar al tirano. Frente a estas acciones en las que volvemos a revivir la barbarie y vemos el rostro más terrible del ser humano, es preferible tomar otras referencias, como la condena a cadena perpetua de los torturadores durante la dictadura argentina.

Es posible que quienes en su día detuvieran a los torturadores desearan acabar con ellos al momento. Sin embargo, fueron capaces de vencer este instinto y de cumplir con la ley. Todos lo sabemos: en un sistema democrático son los jueces los que han de velar por el cumplimiento de las leyes y sólo a ellos les compete el infringir castigos y penas. La venganza no puede equipararse nunca a la justicia, y la diferencia es esencial para la democracia: mientras que la primera es decidida por una sola persona de manera unilateral, la segunda corresponde a toda la sociedad que es el fundamento último de la ley que ha de tener en cuenta el juez a la hora de decidir la sanción correspondiente. La legitimidad de la decisión que tomaron ayer los jueces descansa en el propio pueblo argentino. Y tiene, además, el especial valor de que en este caso ellos mismos han sido capaces de revisar su propia historia, poniendo a cada uno en el lugar que le corresponde.

En teoría política hay una expresión que resume la oposición entre justicia y venganza: el imperio de la ley. Esta expresión quiere decir que las leyes están por encima de los individuos, y que todos, incluidos los representantes de los distintos poderes, están sometidos a estas leyes. Sabemos que el poder cuanta con sus propios mecanismos y resortes para ir esquivando las condiciones que la ley establece. Pero esto no resta ni un ápice de razón a la defensa de la democracia: cada vez que ajusticiamos a un tirano sin juicio previo, o cada vez que ignoramos una ley estamos debilitando nuestro sistema político, alejándonos de la democracia y acercándonos más hacia una autoritarismo totalitario. La democracia se está haciendo todos los días en los gestos más pequeños, no sólo en los grandes titulares. La muerte de Gadafi y Bin Laden fue una venganza. La sentencia argentina es un ejemplo de justicia. La única manera de vencer al terror definitivamente, tanto al ejercido por el estado como por cualquier otro grupo, pasa por la justicia. Por esa justicia que, con todas sus imperfecciones y limitaciones, hacen los hombres a través de las leyes. La venganza nos devuelve a la barbarie. Somos nosotros los que elegimos.

Estando total y absolutamente de acuerdo con lo aquí dicho, simplemente, hacer una pequeña reflexión. ¿Se hizo justicia en el caso de la transición española? ¿Se hizo justicia en el caso G.A.L? ¿Se hará justicia en el caso de E.T.A? Todos sabemos la respuesta. Y la respuesta es un rotundo y sonoro: ¡No! Y porqué. Pues por la denominada “razón” de Estado. Para que un país pueda seguir “avanzando” es necesario olvidar. ¿Y olvidar qué? Pues olvidar todo aquello que suponga un obstáculo para seguir adelante (eso sí, vayan ustedes a saber qué significa ese adelante). Pero en realidad, y según ese discurso, a quienes realmente se olvida son a las víctimas. Y digo esto porque en Europa cuando se cometen atrocidades como en el caso de Gadafi, y cuando no se juzga en los tribunales a los tiranos, sino que se los ejecuta, ello nos parece algo intolerable. Pero en cambio, cuando no se los juzga, aduciendo una razón de estado como la de que un país necesita seguir adelante olvidándonos de las víctimas, pues entonces, y al parecer, la justicia y el estado de derecho dejan de tener esa presunta importancia. A veces da la sensación que el Estado de derecho sirve para juzgar con todas las garantías a los tiranos, pero no, para hacer justicia con las víctimas, en aras de una supuesta razón de estado. ¿Qué nos apostamos a que el gobierno (el que sea) mirará hacia otro lado con respecto a muchos miembros de E.T.A? ¿Qué nos apostamos a que muchos de los miembros más sanguinarios de E.T.A morirán plácidamente en un retiro Suramericano sin ser perseguidos por la justicia española? ¿Qué nos apostamos a que muchos pensadores de pelo blanco (tertulianos habituales) o políticos “acreditados” justificarán esa actitud en aras de una presunta pacificación del país vasco? ¿Qué nos apostamos a que todo ello se olvidará como la matanza de los trenes de Atocha? ¿Y qué nos apostamos a que cuando volvamos a ver imágenes como las de Gadafi, todos aquellos tertulianos y políticos “acreditados”, se congratularán de vivir en un estado de derecho donde esas cosas no ocurren, alegando que en nuestro país se hace justicia en los tribunales tanto con las víctimas como con los verdugos? España es un país exportador de armas a países en donde no existe el imperio de la ley ni la democracia (vean, si así lo desean, la matanza de Kurdos por el régimen de Sadam Hussein en Iraq). Sabemos que esas armas se utilizan para matar a inocentes y a la población civil. ¿Alguien me podría decir cuántos documentales sobre ese tema se han emitido en televisión española? ¿Realmente importa esa cuestión en España? Eso sí, cuando vemos las imágenes de la muerte de Gadafi consideramos que dichas imágenes son la expresión de la barbarie. Y realmente lo son. Pero creo que habría que empezar a cuestionarse quiénes son más bárbaros. Si los que se toman la justicia por su mano aplicando la ley de talión o aquellos que no aplican ningún tipo de justicia con las víctimas o que simplemente amparan y fomentan la barbarie. Efectivamente, la venganza nos devuelve a la barbarie, pero el abandono de las víctimas nos hace más inhumanos aún si cabe. Sé que todos conocen las andanzas de George Walker Bush, de lo que ya no estoy tan seguro es de si conocen las andanzas de Bill Clinton. Sí, ese presidente (pero no, el que soplaba el saxofón y al que se lo “soplaban”), que cada vez que decaía su popularidad en las encuestas, bombardea a un determinado país. ¿Se los juzgará algún día? Alguno de ustedes desea apostar alguna cantidad a que sí que se los juzgará. Pero lo peor de todo esto, es que ello, no nos parece una barbarie.