La belleza muerta
Breve reflexión en torno a la moda · Arte/cultura
A veces la filosofía suele despreciar ciertos temas por considerarlos “vulgares”. Y, también a veces, esto es un claro error, particularmente cuando aquellas cosas que se desprecian resultan ser populares o seguidas por mucha gente. En vez de despreciar, más valdría contemplar y pensar al respecto. Uno de estos fenómenos olvidados puede ser, por ejemplo, la moda. Por considerarla a veces “superficial” o “vanal” negamos importancia a algo que, nos guste o no, resulta mucho más próximo para el ciudadano medio que todos los libros de filosofía juntos. Si bien es verdad que los medios de comunicación son responsables de que los desfiles estén semana sí, semana también, no por ello debemos dejar de mirar con curiosidad y asombro toda una industria que recibe cada vez mayor atención de la sociedad. Y es que debajo de la moda, podemos encontrar más ideas de las que en un principio pudiera parecer.
A primera vista, llama la atención que desde hace ya unos miles de años, llega un momento en que los humanos utilizan la vestimenta no sólo para resguardarse del frío, sino también con un significado simbólico de gran peso en nuestras sociedades. La ropa puede ser señal de una u otra posición social, pero también puede denotar nuestra ideología, nuestros gustos musicales… Nadie es tan ingenuo como para pensar que hoy en día sólo nos quita el frío. Sin embargo, esta capacidad simbólica no sirve par justificar la moda. Porque una cosa es que queramos expresar algo a través de nuestra ropa o aspecto, y otra muy distinto, que a partir de ahí se organice toda una industria que se convierte a sí misma en la centralizadora o el tribunal último de todos nuestros gustos o hábitos. La verdad de la moda es que la ropa es más que ropa, pero se levanta sobre una gran mentira: más que ropa, sí, pero no mucho más.
Resulta casi ridículo ver a modelos y diseñadores con esas poses de semidioses, convertidos en los becerros de oro de un olimpo bastante dudoso. ¿Qué vende la moda? A mi modo de ver es la industria del humo: “compra esto, te valdrá durante un año, quizás dos, y luego tendrás que volver por aquí, a estar al día y pasar por caja”. Tratan de introducir belleza en cada prenda, pero una belleza con una fecha de caducidad demasiado temprana. No deja de ser una locura que la belleza de hoy deje de serlo mañana. A nadie se le permite vender un producto sin garantías, excepto a los creadores de la tijera y el hilo. Hoy funciona, mañana estará pasado. Hoy estarás a la última, mañana estarás “demodé”. Todo sería cómico, si esta industria no moviera tanto dinero, y si sus compradores no estuvieran obsesionados por tener un toque de exclusividad: el que proporciona la belleza muerta antes de nacer de cada colección.


