La ciencia en la historia
Verdad y ciencia · Filosofía
Si de algo se da uno cuenta al repasar la historia de la filosofía y de la ciencia (y por eso defiendo el mantenimiento de esta asignatura) es, entre otras cosas, de que el conocimiento humano está incardinado en la historia. No existe ningún tipo de verdad fuera de la misma, y por tanto ninguna verdad que escape a las condiciones de la historia: ninguna verdad eterna absoluta e inmutable. Pensar que la ciencia produce o descubre este tipo de verdades es tan sólo una ilusión, que ni siquiera es mantenida por la mayoría de los científicos. Por supuesto, tampoco dentro de la religión existen verdades de este tipo (y los teólogos y creyentes con una mentalidad abierta lo tienen bastante claro). Sencillamente, tales verdades no aparecen en niguna disciplina: y no hay nada mejor que adoptar una perspectiva histórica para darse cuenta de ello.
En el renacimiento, por ejemplo, se rompieron dos grandes concepciones de vital importancia para el hombre de la Europa de ese tiempo: el geocentrismo fue sustituido por el heliocentrismo, y el cristianismo comienza a escindirse en distintas ramas. 20 siglos de ciencia y 17 de religión que se ven puestos en duda de un modo casi simultáneo. Es que Aristóteles era tonto, decía un alumno el otro día en clase. Sin embargo, la cosmología aristotélica estaba basada en la rigurosa observación y en la herramienta geométrica con se contaba en su tiempo. La ciencia trata de aprovechar siempre los conocimientos de que se dispone en cada tiempo, pero no puede elaborar una teoría válida de un modo absoluto. La ciencia del mañana consistirá el precisar y acotar los resultados de la ciencia presente. Tampoco Newton, ni Einstein, dijeron la última palabra sobre el universo, la naturaleza y sus leyes.
¿Entonces para que aprendemos? ¿Si la ciencia tiene siempre un carácter hipotético, provisional, para que estudiarla? Da la sensación de enfrentarse a una tarea imposible, inacabable, y esto lo he oido también en clase. Sin embargo, la respuesta no es tan compleja: la ciencia es el mejor conocimiento que tenemos. Su historicidad le convierte en la verdad del presente, pero una verdad abierta, modificable, y sometido a la crítica y la revisión. Un conocimiento que está siempre haciéndose, y que debe evitar cualquier pretensión de eternidad o absolutismo. La historia es el mejor argumento que tenemos para mantener esta visión, y autores como Popper(2) o Kuhn y Lakatos, desde perspectivas distintas, trabajaron para desarrollar estas ideas. La ciencia es siempre ciencia en la historia, no al margen de ella.


