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La prudencia en política

¿Por qué los políticos incumplen sistemáticamente sus promesas electorales?

Quien haya pasado por las clases de filosofía de bachillerato en los últimos años estará ya familiarizado con uno de los conceptos más importantes de la Ética a Nicómaco: la prudencia. Su función en la obra aristotélica es tan importante que hay autores como Pierre Aubenque que le han dedicado todo un estudio: La prudencia en Aristóteles. Tomar la decisión adecuada y llevarla a cabo. En esto viene a consistir la prudencia. Se ha convertido en una de esas palabras clave en la ética, y hoy quería poner en discusión su papel dentro de la política. Principalmente porque ya hemos asistido a la primera "imprudencia" del nuevo gobierno: después de prometer durante meses que jamás subirían los impuestos, una de sus primeras decisiones ha sido aprobar una de las mayores subidas de los últimos años.

No voy a entrar a valorar el argumentario de cada partido, que trata siempre de distribuir culpas y cargas hacia afuera. La cuestión es que lo prudente hubiera sido añadir una condición al mensaje lanzado en campaña: "no subiré los impuestos si el déficit se ajusta a lo previsto". De esa forma hubiera quedado todo más claro. Actuar en contra de lo que se dijo en un terreno como la política es tristemente habitual: lo vimos en el anterior gobierno y lo estamos viendo en este. Y replicarán los responsables, que más imprudente sería quedar atado a las palabras y decidir en contra de lo que conviene. Al final, incluso tenemos que ver cómo se saca pecho del hacer lo contrario de lo que se dijo: "de no haber sido así, las consecuencias hubieran sido terribles". Así que pretenden hacernos pasar por acertada una decisión que quizás es acorde a circunstancias nuevas, pero que deberían obligar a los políticos, sean del signo que sean, a elaborar sus discursos y promesas con cautela.

Hay una reflexión a mayores, que hemos de tener en cuenta para completar el panorama: la prudencia y la democracia. De una forma u otra, todos damos por hecho que vivimos en un sistema que obliga a los partidos, auténticos depositarios del poder político, a luchar entre sí para lograr el beneplácito de la sociedad. Cuando esta lucha se plantea en unas elecciones hay dos factores fundamentales que tiene en cuenta el ciudadano: la tarea realizada por el gobierno en los últimos años y los programas electorales. Si no ha habido grandes problemas o errores garrafales, el primer elemento puede anular al segundo, convirtiendo la campaña en algo prescindible. Pero en caso constrario, las promesas son la baza de los políticos, que se creen obligados a prometer lo imposible con tal de arañar votos. Los encargados de elaborar campañas dirán que el propio sistema les obliga a la imprudencia, la invención y el engaño. Es la propia sociedad la que "necesita" cierta imprudencia política para acudir a las urnas. ¿Realmente es esto así, o se trata sólo de una justificación" Lo más preocupante es que este argumento a favor de la imprudencia política esconde una valoración dura de aceptar: hay que tratar a los ciudadanos como si fueran niños, como si no tuvieran capacidad de juicio y valoración. ¿Cabe una imprudencia política mayor que esta"

Hay una cosa que no lograré entender jamás de los políticos. Y no es que mientan, sino que saben perfectamente que van a ser descubiertos, pero incluso así, mienten. Lo que no entiendo es el porqué ultimo que los lleva a mentir a sabiendas de que van a ser descubiertos. El gobierno anterior mintió sobre la crisis, aún a sabiendas, de que todo se iba a descubrir. Porque ya me dirán ustedes como era posible que no descubriésemos que estábamos en crisis. Y el actual gobierno sabía perfectamente que no se iban a cumplir las previsiones sobre el déficit público. Hubiese sido más fácil y como bien dice Miguel afirmar: “no subiré los impuestos si el déficit se ajusta a lo previsto”. Pero incluso sabiendo que no se iba a cumplir las previsiones sobre el déficit público (especialmente en las C.C.A.A. Por cierto, en las gobernadas por ellos también) se nos dijo que no subirían los impuestos para después subirlos. Es más, me molestó profundamente cuando Montoro dijo que nos pedía ese sacrificio por el bien de todos los españoles. Yo no digo que esa subida sea por el bien de todos los españoles, ahora bien, que se nos haya pedido, pues en fin, se lo habrá pedido a Rita la Cantaora, porque lo que es a mí, no me han pedido absolutamente nada. NO, no nos lo pide, nos los impone. Francamente, estoy cansado, harto y hastiado del maldito paternalismo. Eso sí, ya empiezo a escuchar y a leer, en sectores afines al gobierno, que en fin, no se trata tanto de una mentira como de…….bla, bla, bla. Y quizás tengan razón en que no es una mentira. Eso sí, si hubiese sido el anterior gobierno, pues entonces, el término mentira se hubiera quedado corto. Y lo peor de todo, es que de una u otra forma, todos sabemos que dicha medida debía de ser tomada. Pero maldita sea, entonces porqué nos dijeron que no iban a subir los impuestos para después subirlos. No sé si conocerán aquella pequeña historia del escorpión que deseaba cruzar un río y le pidió a una rana que le ayudara a cruzarlo subido a su lomo. La rana le dijo al escorpión que tenía miedo de que en mitad de la travesía le picase y le inoculase su veneno. A lo cual, el escorpión le contestó muy solemnemente: “Yo no se nadar. Si yo te pico y tú mueres, pues entonces, yo también moriría contigo”. La rana, y ante impecable razonamiento, le permitió cruzar el río subido a su lomo. Cuando iban por la mitad de la travesía la rana sintió una fuerte picadura. La rana, y justo antes de morir ahogada le dijo al escorpión: “pero no ves, y como muy bien dijiste, que tú también morirás”. A lo cual, el escorpión le contestó: “Sí, lo sé, pero es que matar, aunque yo perezca, está en mi Naturaleza”. ¿Serán los políticos una especie de escorpión por catalogar?

Muy buena Elías, la historia del escorpión. La "naturaleza" del comportamiento de los políticos es, conquistar el poder. Comparémoslo por ejemplo, con la seducción para obtener el amor de una pareja, o un empleo.. ¿Acaso uno no trata de presentar las cosas de tal manera de obtener lo que quiere? Es cierto que hay un riesgo, y que una cosa es conquistar, y otra distinta es mantener aquello que uno conquista, lo cual no puede hacerse siempre a base de la impostura. Igual me parece que el sistema democrático deberia perfeccionarse. He aquí una propuesta: Se debe oficializar una lista de 10 (o equis) temas de decisión, por lo menos en el horizonte de tiempo cercano. Cada candidato debe explicitar qué es lo que va a hacer, y esas decisiones deben ser explicitadas de manera que no quepa ambigüedad. Esto es como la plataforma política partidaria, pero de manera estandarizada que permita la comparabilidad y la no ambigüedad. La novedad viene ahora. En caso de no cumplimiento, se podrá sancionar al partido con la "quita de votos" para una siguiente elección (una cantidad de votos que se restará del que se obtenga en el futuro). Cuando el candidato transgrede lo que había dicho ("miente"), debe ir al Parlamento a justificarse, y si el Parlamento no acepta la justificación, lo sanciona con una "quita de votos". De esa manera hay una punición concreta... porque el asunto de la mentira como yo lo veo, radica en dos cosas, en la ambigüedad del discurso por un lado, y en la impunidad de quienes deciden en política.

¡Hola, Daniel! El problema de tu propuesta es la siguiente: 1.- Dices que en caso de no cumplimiento, se podrá sancionar al partido con la “quita de votos” para una siguiente elección. Bien, de acuerdo. Pero quiénes deciden que se ha incumplido una promesa. Supongamos que es el pueblo quien lo decide mediante un determinado tipo de mecanismo. 2.- Ese candidato que el pueblo ha considerado que miente va al Parlamento a justificarse, y si el Parlamento, no acepta la justificación, lo sanciona con una “quita de votos”. Pero qué ocurre si ese candidato pertenece a un grupo con mayoría absoluta o qué ocurre (como ocurre siempre) cuando, y aunque no posea mayoría absoluta, en coalición con otros grupos (que ya recibirán algo a cambio), deciden dar por buena la justificación. Al final, y como siempre, todo dependerá de los políticos. Y ya sabemos que perro no come perro.