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Las buenas costumbres

Moral y buena educación

Una de las primeras enseñanzas (y de las más importantes) que recibimos desde pequeños es la de la socialización. Tenemos que aprender a vivir con los demás y esto implica cumplir una serie de normas morales, lo que incluye la puesta práctica de códigos que no siempre están escritos. Hay formas de vida que valen por el simple hecho de que todos los días se están ratificando en la vida cotidiana, sin necesidad de largos discursos, votaciones o disquisiciones teóricas. Un ejemplo de esto es lo que se ha dado en llamar "buenos modales", un repertorio de gestos, actitudes y comportamientos que deben ser observados si realmente queremos formar parte de la sociedad sin estridencias, sin ser considerados bichos raros. Existen textos que recogen estas costumbres, pero no son una lectura urgente en tanto que nuestro propio entorno (padres, profesores, amigos...) nos está diciendo qué es lo que debemos hacer para comportarnos adecuadamente. La cuestión que quería poner hoy sobre la mesa es la de la relación entre esta "buena educación" y la moral: ¿Es comportarse correctamente garantía de ser moralmente bueno"

Hay quien piensa que la buena educación es el primer paso de la moral. Cómo va a ser buena persona quien es incapaz de cumplir con las normas más elementales. No sorber la sopa o mantener los codos fuera de la mesa puede parecer un asunto más estético que ético, pero no necesariamente tiene por qué ser así. La moral empieza a aprenderse por los gestos pequeños: quien con cinco años no se mete el dedo en la nariz está empezando a socializarse, va por el buen camino. Lo de menos, se nos dirá, el dedo y los "cocos" que haya en su fosa nasal: lo importante es que estamos aprendiendo que no vivimos solos y que la vida en sociedad conlleva ciertas normas. Saludar por las mañanas, dar las gracias, no interrumpir a quien está hablando o no hablar con la boca llena. Puede que sean la preparación para una tarea más alta como es la formación de una buena persona. La "buena educación" sirve de entrenamiento para la bondad moral.

No obstante, no esta la única manera de ver el asunto. Precisamente porque antes aludíamos al significado "estético" de lo que se ha dado en llamar "buenos modales": se trata en definitiva, de "quedar" bien, de dar el pego. Mera apariencia. Se puede de hecho adoptar una perspectiva tremedamente crítica: la moral no es un asunto de "buenas maneras", sino que va mucho más allá, toca por ejemplo las intenciones del ser humano, que pueden esconderse bajo buenas palabras y mejores gestos. En otras palabras: gentes exquisitamente educadas bien podrían ser auténticos miserables morales. La buena educación puede ser incluso una mera máscara, una herramienta para lograr intereses que no siempre conviene manifestar. Cabría incluso un análisis marxista: eso que se llama "buenos modales" son artificios burgueses con los que intentan ocultar la miseria moral de un sistema que no da más de sí. Tomar el té de una forma educada y "cool" no parece compatible con la hambruna del cuerno de África. Los modales y la moral: ¿amigas o enemigas íntimas" A saber...