El arte de la filosofia · Actualidad
El pasado sábado nos asaltó la noticia de la muerte de Jacques Derrida, que también ha tenido sus resonancias en la red. Quizás el mejor homenaje que se puede hacer es ir directamente a sus textos, que están siempre llenos de ideas sugerentes e intuiciones reveladoras. El llamado padre de la “deconstrucción” supo como nadie diluir las fronteras entre la filosofía, el arte y la ciencia, y su influencia en la filosofía de finales del siglo XX es una evidencia innegable.
Mientras que para algunos el pensamiento de Derrida implica la negación de la filosofía, para otros significa precisamente la vuelta a lo que nunca debió dejar de ser: algo que no se encierra sólo en un frío entramado conceptual (un artificio abstracto a fin de cuentas) sino que está siempre cercano a otras esferas como puede ser la literatura o el arte. La arquitectura del texto nos revela su proceso de construcción, sus metáforas clave, y la filosofía se abre así a novedades insospechadas que se esconden debajo de la metáfora. Su crítica al “logocentrismo” (o al excesivo racionalismo de la civilización occidental) va precisamente en esta línea. Ciencia, filosofía, arte, religión… Discursos sobre lo real que se cruzan y entrecruzan, formando un todo que debería estar más caracterizado por la armonía que por el afán de verdad, a menudo descalificatorio y totalitario.
Derrida terminó de abrir la filosofía al arte y la literatura, mostrando precisamente que en la elaboración del texto vamos poniendo nuestras propias trampas, sin que ello pueda distanciarnos de lo que en definitiva estamos haciendo: escribir, construir. Realizar el proceso hacia atrás (deconstruir, que no destruir…) puede ser así un camino fecundo que nos conduzca a una nueva comprensión por medio de la cual desvelemos el sentido oculto de ese tejido vivo y cambiante que constituye cada texto. Como Penélope, tejiendo palabras y destejiéndolas, el ser humano descubre la realidad y a sí mismo en medio. Palabras y discursos que se despliegan ante la realidad no para ganar ninguna clase de competición absurda cuyo premio sea una verdad absoluta inexistente, sino para enseñarnos el mundo. Tal y como Derrida hizo.
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5 comentarios a “Jaques Derrida”
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Tiene gracia que Jacques Derrida, sin ser marxista, sea el principal responsable de una cierta recuperación de Marx incluso más allá del ámbito de lo político y lo económico.
Derrida nos devolvió un Marx libertario y rebelde, lejano de esos infames Institutos de Marxismo-leninismo que se pretendieron albaceas e intérpretes de una obra por contra aún hoy abierta y subversiva, y por tanto, contraria a toda manipulación monopolizadora y catequística.
Aunque solo fuera por esa aportación, merece Derrida respeto y admiración.
Jacques Derrida, acaso el filósofo más importante de los últimos cincuenta años, ha muerto.
Esta noticia nos conmueve con el reconocimiento de su pasión crítica para desenmascar los supuestos ideológicos de nuestras prácticas discursivas y sociales.
El desmantelamiento de toda certeza, el descentramiento de las historias y verdades oficiales, y la apertura hacia una forma de enfrentar la existencia desde una incertidumbre radical y creativa, son gestos del argelino que nos dejan una marca de libertad para quienes disfrutamos con pensar y desocultar el mundo en que vivimos.
Ha muerto Derrida y ha muerto el pensamiento, ese tipo de pensamiento que vislumbra mas alla de lo aparente, más alla de los trucos de la aparente realidad, mas alla de vida, en ocasiones vivir es apariencia, hoy quien tomará la posta, ya estamos solos sin un padre, sin un guía, sin su luz.
¿Seguiran sus hijos su camino?
¿Existen sus hijos?
¿Serán hijos de su luz, de su pensamiento?
¿Quien asumira el reto?
15.01.07
¡Estaba pensando en la noche de ayer!….no sabes cuanto extraño ver tu cara tan sólo por un instante. ¿Es S o es P?…….¿es que a caso son?. Pensando que las cosas son de modo tal que P. a veces es S. y S. veces es P.
cuidate mañana te escribo. te extraño.
Quizás ya no más Derrida en vivo! Pero, en libros, videos, web, en conversaciones, sin él, pero necesariamente con él. Derrida me ha ayudado a comprender la figura del lazo que une nuestras impresiones, ya no impresas, sino guardas para otro momento, con la vida, con el presente viviente. Sin él, pero con él. Finito es mi agradecimiento, no podría ser de otra manera. Ahora, me pregunto, cómo responderá esto él, sin querer ser trascendente, pero al final siéndolo: ¿Si las ventanas son o no del edificio? ¿Si el abismo es o no del la vida? Esto es posible apreciar en el intempestivo filosofar de este filosofo fiel e infiel, para muchos, del filosofar.
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