Elitismo artístico, mercado y aceptación social · Arte/cultura
Desde comienzos del siglo XX, con el surgimiento de las vanguardias, el arte comenzó un camino de no retorno, que le ha llevado a una situación muy particular: la libertad absoluta del artista y la autonomía del arte, contrasta con la incomprensión o incluso el rechazo social que su actividad genera. La mayoría de la gente que tiene contacto con el arte contemporáneo está convencida de que éste no es más que una estafa cultural, y un producto para “snobs” y élites. Élites que, además, están compuestas por dos grupos bien diferenciados: los que “entienden” de arte, no sólo del contemporáneo sino de todos, y que a menudo defienden fervientemente este tipo de producción, reconociendo a la vez que puede haber cierta “inflación” artística que nos lleve a considerar como arte obras mediocres. Y está también la segunda élite: los “compradores” de arte, que se gastan grandes sumas de dinero por una cuestión puramente social: el arte es un distintivo de buen gusto, y tener una obra de tal o cual artista es síntoma inequívoco de riqueza (mucho más, por supuesto, que tener un coche de tal o cual marca).
Así que tenemos a tres grupos: uno grande y numeroso que rechaza el arte actual, otro muy reducido, los especialistas, y otro también reducido, los “mecenas” que mercadean con todo ello. Pero hay una situación curiosa que, creo, nunca antes se había dado con la misma intensidad: el arte “bueno” del momento provoca una fractura social que le aleja del espectador medio. No se me ocurre pensar en un ciudadano del siglo XVII extrañado ante la obra de Velázquez. Tampoco puedo imaginar a un romano del siglo XVI considerando “feas”, “extrañas”, “raras” o “incomprensibles” las esculturas de Miguel Ángel. Hasta ahora, con mayor o menor grado, el artista y la sociedad habían mantenido una convivencia cordial, independientemente de los dictados del mercado (sabemos de grandes artistas que sólo fueron después de muertos). Pero esto no ocurre en la actualidad: la sociedad no comprende a los artistas.
Hay que subrayar que esta incomprensión ha aparecido antes en la historia, pero no, o al menos esta es mi impresión, del modo en que se da en la actualidad. Y a esto se une, paradójicamente, la inmensa activación del mercado artístico en las últimas décadas. Mientras los “escándalos” siguen apareciendo con cierta periodicidad en los medios de comunicación, el dinero que paga por esas obras no deja de aumentar. Circunstancias que despierta, al menos, cierta perplejidad. Este distanciamiento progresivo entre la sociedad, los artistas, los expertos en arte y los compradores de arte tenderá sin duda a profundizarse: el arte difícilmente renunciará a la libertad conseguida, la sociedad seguirá criticando todo lo que no entienda, los expertos tendrán una tarea crítica creciente, y los compradores seguirán despilfarrando su dinero, sin saber si lo que compran vale lo que pagan o si, por el contrario, el artista se está aprovechando de su afán de notoriedad y distinción social. ¿Tiene todo esto alguna solución? Por otro lado: ¿Acaso es necesario “solucionarlo”?
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6 comentarios a “¿Qué le pasa al arte contemporáneo?”
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A modo de anécdota histórica. La obra de Miguel Ángel, el Juicio Final fue intervenida por un artista nombrado por el Papa el cual vistió a los protagonistas de la obra, de esta forma afirmo que los artista no son del tiempo que viven y se encuentran más allá de las circunstancias culturales o sociales que viven sus contemporáneos, a medida que pasa el tiempo esta brecha se hace más y más grande.
Tu reflexión es muy aguda. No obstante creo que la última pregunta es la más interesante. ¿Acaso es necesario solucionarlo?.
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Mi idea es la siguiente, como bien explican esos expertos sobre la inflación del hecho artístico, se trata de un gran globo que no hemos parado de inflar, y que de un momento a otro estallará.
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La Crítica y la Historia del arte se escriben al mismo tiempo. Para el museo, incluso sus visitantes son ya reliquias que hay que conservar, aunque sea agasajándoles con tiendas de recuerdos y cafeterías de diseño.
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Ante esto creo que la categoría arte está tan desgastada que ya no sirve para nada, y que dentro de muy poco, y cada vez más, solo podremos referirnos a disciplinas concretas a experiencias muy determinadas, a realidades que sepamos como clasificar. ¿Qué es una obra de arte? Algo a lo que un señor galerista pone un precio. Y basta.
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Esto se puede apreciar ya en las últimas manifestaciones culturales que están a medio camino entre la investigación y la creación. Como ese arte antropologista, o este ámbito de la blogosfera incluso, que la categoría arte es incapaz de catalogar, de explicar…
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El arte ha muerto, y tampoco debemos preocuparnos. Hace un siglo le sucedió lo mismo a la religión. El arte es una víctima más de la modernidad (en este caso de la postmodernidad) pero el canto del cisne aun se oye.
“No se me ocurre pensar en un ciudadano del siglo XVII extrañado ante la obra de Velázquez.”
y de verdad crees que ese ciudadano tenía “acceso” a la obra de Velázquez? me da que tu comentario está un poquito “descontextualizado” :)
ciao!
Te lo voy a explicar un poco, nettizen: se quiere decir que si, y sólo sí, un siervo inmundo de la gleba tuviese, por una casualidad absolutamente imposible, la posibilidad de admirar algo de Velázquez, etc…
estaría en la misma situación que un ciudadano muy vivido y muy estudioso y muy contextualizado del siglo XXI.
Arrivederchi.
Es mas que eso… el Arte conteporaneo… a cambiado mucho desde el moderno… y desde Duchamp, toca pensar tambien que el setiedo estetico paso hacer a un gesto!
Soy nuevo en esto del arte.
Por lo tanto no puedo hablar ni descifrar las obras modernas. Muchas de ellas me parecen feas, y feas tambien cuando me explican lo que significan y porque son asi.
Una vez fui a un museo y pague por ver unos cuadros blancos salpicados con tinta negra. La explicacion de la obra tenia mas arte que la misma obra. Entre lo escrito y lo que veia habia un abismo.
Si una obra no tiene belleza no es arte. Y creo que el concepto de arte se ha contaminado con demasiado bla, bla, bla.
A veces me siento en medio de una fiesta donde no conozco a nadie y no he sido invitado. Que para colmo de males me hablan un idioma extranjero y son bastante engreidos los asistentes. Asi me he sentido muchas veces frente al arte contemporaneo.
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