El arte de la mentira · Arte/cultura
Desde hace ya unos años, no son pocos los que consideran que los anuncios publicitarios pueden considerarse pequeñas obras de arte. Ya existen festivales publicitarios, y el ingenio humano se tuerce y retuerce con un objetivo muy claro: llamar la atención de los consumidores. Personalmente, los anuncios siempre me han parecido un tanto absurdo: publicidad es sinónimo de “te voy a contar lo excelente que es éste producto para condicionar tu comportamiento y que vayas rápidamente a comprarlo a la tienda”. Es un engaño, un fraude. Todos sabemos que los anucios son mentira: jamás estarás con esa chica por mucho que uses esa colonia, ni existe ese detergente que puede con todo. Todos lo sabemos, pese a lo cual los anuncios siguen estando ahí, síntoma inequívoco de una cosa: nos dejamos engañar por ellos. Pero de entre todos los anuncios merecen un comentario aparte los de coches. ¿Alguien sabe qué quieren vendernos los anuncios de coches?
Una niña mira cómo se derrite un muñeco de nieve. El comprensivo papá, evitando que la niña tenga un trauma por la muerte del pobre muñeco, monta a la niña en el coche y también al humanoide nevado. Todos viajan unos kilómetros en amor y compañía, y al final el muñeco es colocado de nuevo en su casa. ¿Qué tiene esto que ver con el coche? No se habla de sus prestaciones, ni siquiera de su precio. Pero peor todavía es el de aquel niño repelente e insoportable simulando que coduce un coche mientras emite un zumbido que va aumentando sus tonos de un modo progresivo: ¿Cuántas puertas tiene el coche que nos venden? ¿Cuántos airbags, o qué sitemas de frenado? No importa. Lo importante es que el anuncio sea suficientemente ofensivo para el oído como para llamar nuestra atención. La mía, desde luego, la captó. Pero para tomar nota de un coche que no compraría jamás, aunque sólo sea por la repulsión y la molestia que supone escuchar al niño de marras.
Iconos sexuales, proezas realizadas en circuitos cerrados, james bond al volante o simplemente una mano asomada por una ventanilla. Cualquier estrategia es buena siempre que se consiga no hablar del coche. Marca y modelo. Nada más. No importan los caballos, la seguridad, la capacidad del maletero… El que quiera saber todo eso, que vaya a un concesionario. El asunto de estos anuncios enseña muy bien algo de nuestra forma de ser o de pensar: ¿Importa hablar del coche, o sólo asociarle una serie de prejuicios (éxito profesional o personal, atracción sexual…)? ¿Para qué hacer un anuncio sobre un producto del que no se habla en absoluto? ¿Cuál es el fin de estos anuncios? ¿Son estos anuncios un “arte” o sólo un eslabón más del capitalismo consumista en el que estamos atados? Detrás de cada anuncio toda una cultura, toda una economía, toda una forma de pensamiento. Detrás de una mentira, millones de seres humanos que tienen que elegir permanentemente entre oír esos cantos de sirena y dejarse embaucar, o mantener la independencia en sus elecciones cotidianas. Yo no sé si los anuncios son un arte o no, o expresan toda una vida cultural (quizás un tanto decadente): pero sí estoy convencido de que, de ser arte, son el arte del engaño. Y si expresan pautas culturales, brilla en ellos la cultura del vacío.
Nota: Imagen tomada de Seiscientos.org
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8 comentarios a “¿Qué venden los anuncios de coches?”
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Completamente de acuerdo contigo. Muchos de los anuncios son excelentes, pero es cierto que nunca hablan del coche, sólo tratan de relacionarlo con algo prestigioso o, sencillamente, llamar la atención.
Quizá es que ya exista demasiado “ruido” publicitario y los vendedores necesiten, por encima de cualquier otra cosa, que levantemos la vista y nos fijemos en el anuncio. Sin embargo, yo suelo recordar los anuncios, no los coches.
Y eso sin contar que hay anuncios que parecen dirigidos a débiles mentales o en los que el consumidor aparece como un auténtico imbécil.
a mí los que me ponen nervioso son los que se refieren a comida y sólo dicen ‘ahora con mejor sabor!’
de dónde se han sacado ese mejor sabor? le han quitado algo? le han puesto? han cambiado el procedimiento? ok, el sabor ahora es más ‘casero’ pero cómo demonios lo han conseguido? cómo es eso de ponerle tropecientos puñaos de vitaminas sin cambiarle el sabor? Y qué decir de la textura…!
ya no venden yoghourt, natillas, o lo que sea, sino un pastel de sustancias con forma y sabor de yoghourt, natillas, o lo que sea que quieras comer. Me da esa impresión con muchos productos
Excelente análisis, la publicidad es para darle de comer aparte. Recuerdo una charla a la que asistí de un tipo que ironizaba contra la publicidad, decía que una vez fue a una tienda, pidió una colonia y cuando se la trajeron se puso indignadísimo y dijo: “Oh! no, no! También quiero a la chica semidesnuda que sale en el anuncio, mire!” Y le enseña un anuncio de una revista con una tipa despampanante, típico modelo 90-60-90
Anécdotas aparte, la publicidad de nuestros tiempos me resulta contradictoria. Por una parte es vil hasta el extremo hurgando en lo peor del ser humano (preocupación, culpabilidad, miedo, egoísmo, etc.), y por otra se pone tanta pasta para hacer 30 segundos de anuncio que claro, muchos son auténticas obras de arte desde el punto de vista técnico y cinematográfico (de ahí lo divertidos que son muchos concursos de publicidad de esos)
Muchos anuncios publicitarios venden lo que el público quiere tener: el sueño de nuestra sociedad del bienestar, en la que tenemos garantizado el ser y no encontramos una forma adecuada y distintiva de estar. Queremos tener lo que tienen los que tienen lo que se debe tener: una vida maravillosa en un mundo maravillosa, en la que a los padres no les importa poner perdido de nieve derretida el maletero de un coche estupendo porque dedican su vida a ser felices haciendo felices a sus hijos concediéndoles sus deseos más naturales y más extravagantes. Unos niños que no entenderán nunca por qué el mundo no se pone a sus pies cuando chascan los dedos, porque les han enseñado que siempre habrá alguien que tiene la obligación de realizar con una sonrisa de satisfacción lo primero que les pase por la cabeza o el corazón.
Una vida en qua la pareja tiene detalles fantásticos que realzan un amor inagotables. Una vida que se vive en unas casas de ensueño donde hasta el polvo se aparta despavorido para no entorpecer el disfrute permanente que se desarrolla entre sus paredes.
Una vida en que la juventud destierra el más mínimo vestigio de arrugas en unos rostros que no han conocido sino la felicidad.
Para conseguir todos estos deseos, legítimos porque son la vivencia cotidiana e imprescindible de todas las personas que salen en la tele, tan legítimos que adquieren el rango de derechos, sólo hay que cumplir un requisito simple, que apenas requiere más que deshacerse de unos pocos miles de euros: comprar el producto que nos ofrecen. ¡No es para tanto!
Estoy haciendo un trabajo en el instituto sobre la publicidad y la filosofía. He observado que hay contenido filosófico en algunos anuncios y estos suelen ser los de coches. Pero no cualquier coche, suelen ser Audis, Bmw… en fin, los más caros. Por ejemplo, aquel anuncio nuevo que ha salido sobre el Audi Q7… Empieza con la frase: “Es hora de que sepas quién eres y de dónde vienes” Sobre nuestros orígenes hay muchas teorías que son discutibles… y como estos anuncios hay muchísimos. Entre otras cosas, me planteo si hay dos niveles de interpretación: uno para la gente que no pueda acceder a obtener el producto que se vende y otro para la gente que sí puede, es decir, si sólo la gente con una determinada clase social, con estudios filosóficos, pueda entender completamente el anuncio.
Hola!! Soy una estudiante de Publicidad y RRPP. Estoy haciendo un trabajo sobre las publicidades que no están dirigidas a demostrar la utilidad del producto, sino que tan sólo se dedican a vender una satisfacción o un sentimiento que podamos adquirir comprando el producto.
No sé porqué realmente contesto a estos comentarios, pero me pareció interesante dar mi opinión ya que es tema de debate día a día en mi clase :D.
El objetivo de la publicidad MODERNA es el mencionado anteriormente, sin embargo esto viene dado por el insaciable apetito del ser humano de tener cosas materiales, de marca, que duren mucho y que te “hagan más feliz”.
La publicidad es competencia, muchas veces ni siquiera pretende llegar al usuario, sino abolir la competencia. Increíble! pero cierto…
No todos los anuncios son así y hay muchos que verdaderamente son engañosos, pero la demanda es muy fuerte y si uno no llega al corazón del consumidor, es MUY difícil que su producto se venda (véase el último ganador del concurso de Cannes, “Un gesto de amor”)
Nada más, un saludo y buena suerte
Barb
Hola?
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