Ser europeos
Sobre la comunidad y su futuro · Actualidad
Recientemente leía en el foro de la página una reflexión sobre Europa. Y se planteaba, entre otras cosas, cuáles serían las consecuencias para España de la ampliación. Algo que ocurrió hace ya 9 meses y que a lo mejor comienza a preocuparnos ahora, cuando comenzamos a notar las diferencias de asignación de los fondos estructurales. Sobre si estos se han empleado de un modo correcto o no, podéis leer (y dar vuestra opinión) en el debate del foro. Yo quiero plantear aquí una idea que exponía Daniel en el foro: la ampliación va a resultar perjudicial para España, ya que los países que acaban de integrarse en la unión acapararán buena parte de los fondos que hasta ahora nos habían sido asignados. La lógica del argumento parece inapelable y desde un punto de vista puramente económico no se puede poner en duda. Sin embargo, echo de menos un punto de vista político, que quizás es en el último que pensamos cuando hablamos de Europa.
Y es que una de las cosas que implica la Unión Europea es la ciudadanía europea. A lo mejor resulta muy chocante, pero desde hace ya unos años no debería tener sentido que establezcamos diferencias entre el “ellos” y el “nosotros”, cuando hablamos de franceses, alemanes, italianos, griegos, belgas, portugueses… Y desde mayo del año pasado, hay otros 10 países que han pasado a formar parte de ese gran “nosotros” en el que debe convertirse (a medio o largo plazo) la Unión Europea. Por eso expresiones como “vamos a salir perdiendo con la ampliación” se enmarcan bajo conceptos que no encajan en los principios de la Unión. Se trata de que ganemos todos los que formamos esta gran unidad política, lo que, evidentemente, implicará sacrificios y generosidad por parte de los países.
Puede que algunos penséis que esto que digo es una auténtica quijotada, y que así nos irá a los españoles si vamos al parlamento con estas ideas. Este tipo de crítica viene avalada por una concepción muy clara de la política, que la identifica (de un modo muy economicista) con el reparto de un gran pastel. Acostumbrados a que en nuestros país (ahora que todavía se puede hablar en estos términos) asistamos a luchas entre las comunidades autonómicas y el estado central para ver quién se lleva más recursos, acostumbrados también a la fractura entre autonomías y sus luchas internas, con no poca falta de solidaridad, entendemos que lo mismo que ocurre aquí se traslada al continente europeo. Criticamos a los políticos una construcción puramente económica de la Unión, y muchos ciudadanos europeos aspiran sólo a poder chupar del bote. ¿Dónde queda, en medio de todo esto, la política? ¿Acaso podemos decir que ha muerto la política?


