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Técnicos y políticos

Gobierno del pueblo, gobierno de técnicos

Durante los últimos meses, venimos asistiendo a tiempos revueltos. Entre las movilizaciones del 15M, los problemas económicos y los rescates a los países. Es difícil recordar tiempos en los que la política y la economía, como meras actividades, hayan ocupado tantas portadas, debates y tertulias. En cualquier barra de café se sabe hoy qué es eso de la "prima de riesgo". La legitimidad del poder político y económico se ha visto intensamente cuestionada, proceso que ha coincidido con decisiones y procesos que han pasado por encima de cualquier consulta a la voluntad popular. Rescates económicos, cambios constitucionales, y cambios de gobierno, que han instaurado la llamada tecnocracia. Sin necesidad de preguntar al pueblo, depositario último de la soberanía, ha sido necesario, se nos dice, reconvertir los gobiernos en oficinas de expertos que sabrán lo que más conviene al país en cada caso. Todo ello, dando por supuesto que el pueblo no está preparado para comprender (o para tomar) este tipo de decisiones, por lo que se ha desatado el debate entre la tecnocracia y la democracia.

Una crítica simplificadora del asunto relaciona la tecnocracia con la derrota de la democracia. Se argumenta que los técnicos carecen de un sentido político, no actuarán pensando en el bien común, sino ajustándose a las medidas necesarias para que los índices económicos se adapten a los criterios estipulados por grandes compañías financieras. Se demoniza la economía y se piensa que "los mercados", así, sin especificar, son la fuente de todos los problemas de nuestra sociedad. Esta crítica se olvida de que la economía, en su origen, tiene que ver con valores, y que en nuestros días cualquier sociedad que carezca de un buen sistema económico está condenada al fracaso: las "buenas intenciones" de los políticos no bastan si la población no tiene trabajo o no puede comer. La economía es condición de posibildiad, un marco en el que moverse. Y querer romper las reglas del juego sea quizás más totaliltario que la actuación del gobierno de expertos.

No bastan sólo los expertos, pero por lo visto tampoco los políticos. Algo han debido estar haciendo mal todos estos años, por mucho que no quieran cargar con su responsabilidad. Algo que no depende de ideologías: poco importan derechas o izquierdas, ya que países de signo distinto se encuentran en situaciones similares. Si los políticos hubieran pensando en el bien de todos no hubieran hecho falta los expertos: habrían tomado decisiones económicas prudentes en su momento. La oposición político-experto sugiere una idea aún más perversa: transmite de manera indirecta que los políticos que nos dirigen no son expertos, no conocen el terreno en el que mueven. Algo que puede haberse cumplido en algunos casos, pero no en todos. El debate, en el fondo, nos lleva a perfilar la figura del político: ¿Quién debe serlo" ¿Cuáles deben ser sus características" A mi entender, ser experto es una virtud necesaria, pero no suficiente. Además de conocer, debe ser bueno. Y eso ya es harina de otro costal. Que gobierne el que sepa, y el que vaya a buscar el bien de todos. ¿Es esto tecnocracia o democracia" Probablemente ninguna de las dos cosas.