Pasar al contenido principal

Fascinación por la esfera

Desde los pitagóricos hasta Zidane
Ahora que todo el mundo vive abducido por el mundial, puede ser un buen momento para hacer un breve repaso no de las clasificaciones o de la calidad del juego de las selecciones, sino de lo que se ha convertido, por un mes, en el auténtico centro del universo (al menos del "universo humano"): el balón. O, dicho de otra forma, la esfera. Da la sensación de que durante estos días se pararan las leyes de la física, y los planetas de nuestro sistema solar se olvidaran del sol, para girar en torno al balón. Sin embargo, hubo tiempos en los que el poder de la esfera no se plasmaba en una goma cosida por pobres explotados y hambrientos golpeada por millonarios, sino que había otras esferas, más importantes y hermosas, las que lograban las admiración de todos los humanos. Para empezar, en la misma civilización griega existe un prejuicio de tipo geométrico, según el cual la esfera era la figura perfecta. La raíz de esta idea no está del todo clara, pero hay quien la asocia incluso a supersticiones relativas a los espíritus: en una esfera no existen aristas donde éstos puedan permanecer. El caso es que esta exaltación de la esfera alcanzó su mayor grado dentro del grupo de los pitagóricos. Para ellos el mundo estaba construido con un lenguaje oculto, basado en el número. La realidad era número, se expresaba numéricamente. Todo era número, armonía y proporción. Y también lo es, por cierto, la música. Este paroxismo de la matemática llevó a los pitagóricos a creer firmemente que los planetas, en su movimiento armonioso, generaban una melodía oculta, secreta, que sólo el sabio podía escuchar. Puede que hoy la idea nos parezca una estupidez, pero los científicos siguen hablando, por ejemplo, de la armonía que esconde el universo, de sus proporciones (el agnóstico Einstein reflejó esta idea en su frase "Dios no juega a los dados"). Y la misma idea estuvo muy en boga en todo el Renacimiento, y nos ha quedado, entre otros testimonios pitagóricos, aquella estrofa de la Oda a Francisco de Salinas (por favor, no confundir con Julio Salinas...):
"Traspasa el aire todo hasta llegar a la más alta esfera, y oye allí otro modo de no perecedera música, que es la fuente y la primera."
El universo, lleno de esferas que hacen insignificantes nuestra esfera, y que convierten en una absoluta estupidez esa esfera que corre estos días por Alemania. Fue un alemán, precisamente, el que dijo que había dos cosas que despertaban su admiración: el cielo estrellado sobre él y la ley moral dentro de él. Vivimos tiempos distintos (no sé si mejores o peores) en los que lo de la ley moral nos parece un chiste, y el cielo estrellado es algo inexistente, velado por las farolas de las ciudades y por los destellos de nuestras televisiones. Un privilegio para unos pocos, que tienen la oportunidad de mirar el cielo esferado, pero que quizás prefieran también ver esa esfera de trapo rodando por un césped en el que, nos dirían los pitagóricos, todo es número: 4-4-2, 90 minutos, 11 contra 11... Y sí, podemos encontrar armonía, número y proporción también en un estadio de fútbol, pero puestos a elegir, me quedo con aquella otra, la de los pitagóricos originarios, capaces de descubrir "música celestial" (y no en el sentido habitual de esta expresión) en el movimiento de los planetas.

Al final va a llevar razón Borges cuando decía en la esfera de Pascal: [quote">La naturaleza es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.[/quote"> ¡Cualquiera diría que no se estaba refieriendo al Mundial! Alemania es un campo de fútbol infinito, cuyo centro está en todas partes y ... Gracias por el blog, un abrazo rubén

Desde Pitágoras hasta Zidane... jajaja, gran comparación... creo que ambos eran buenos amantes de la esfera, y a ambos "se les fue la esfera" al final de su carrera. En fin, el fútbol es un fenómeno de masas en el que el mundo del negocio tiene metida la esfera hasta el fondo, pero asumido esto, tiene un gran encanto que no encuentro en otros deportes (y eso que me gusta verlos casi todos). Filosofía y fútbol (el practicado por encima del sillonball) son estupendos complementos para una vida equilibrada, y esto va medio en broma medio en serio. El fútbol como tal fenómeno de masas y de marketing es criticable, pero por otra parte mi ideal de planeta Tierra es aquel en el que las únicas "guerras" entre países suceden en torno a una esfera pateable, las heridas son psicológicas y sólo duran hasta el siguiente partido.

es grandioso

Todo cambia, pero creo que esa melodía oculta a la cual se referían los pitagóricos, sigue estando. Sólo debemos desear escucharla. Gracias.

La verdad, no merecen ningun comentario, pues mezclan dos cosas diferentes; Quienes leen este apunte esperan una orientacion y no una charada....! En cuanto a la melodia, es una melodia que se genera en la mente del pensante, no en el universo; mas si hay alguna melodia en el universo, de alguna manera la percibimos como una fuerza de la divinidad....