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Feliz año viejo

Feliz ¿el tiempo por venir o el tiempo pasado?

El deseo ha sido unánime durante los últimos días. El cambio del calendario parece ser el momento más adecuado para dar rienda suelta a los buenos augurios. El feliz año va de boca en boca. Añadiéndole, cómo no, un adjetivo insoslayable: nuevo. Un anhelo de felicidad para un tiempo nuevo, para lo que está por venir. Sin duda hay buena voluntad, pero se pone sobre la mesa un asunto muy filosófico, como es el de la felicidad. El deseo de feliz año nuevo parece presuponer que la felciidad va asociada al tiempo y que exige una cierta duración. No basta con desearlo durante un minuto, unas horas, días o meses. Aspiramos al año completo. Añadiéndole la novedad en cierta manera estamos también pidiendo una cierta toma de conciencia: ser feliz en el tiempo que viene y darnos cuenta de ello. Saber el tiempo que vivimos y sabernos felices en el mismo. Algo que no sólo depende de nosotros mismos pero que sí requiere una cierta actitud "felicitante" a priori: antes del tiempo, antes de que empiece el año y pase por encima de nosotros, nos disponemos a exprimirlo, a transformarlo en un tiempo de felicidad.

La cuestión es que no son pocos los que han afirmado que la felicidad, nos guste o no, es incompatible con la conciencia: la mayoría de las veces no somos capaces de darnos cuenta de que estamos siendo felices. Es más: tan sólo cuando después de un cierto tiempo somos capaces de identificar el tiempo en el que éramos felices. En consecuencia, sería más propio desearnos feliz año viejo. Un deseo mucho menos ambicioso y que alguien podría considerar derrotista, pero que en el fondo puede esconder unos requisitos más exigentes que la fórmula "oficial". Desear un feliz año viejo implica en realidad haber vivido con intensidad todos los meses pasados, y reconocer ese tiempo como feliz. Un momento robado al tiempo: está ganado aquello que ya nos ha realizado frente a un siempre incierto momento por "llenar" de felicidad. Valdría aquí aquello de "que nos quiten lo bailado": el que ha tenido un feliz año afronta con mejores perespectivas el nuevo tiempo que comienza, aunque sólo sea por lo vivido. La felicidad pasada y la felicidad por venir: ¿no será preferible la primera respecto a la segunda"

Podemos llevar el aunto un poco más allá de la reflexión en torno a la felicidad. Si abordamos el tema desde el existencialismo podemos encontrar más motivos para desearnos un feliz año viejo. La existencia se caracteriza precisamente por la apertura, la incertidumbre. El tiempo que aún no ha llegado puede ser cualquier cosa. Somos, antes que felicidad, libertad. Y es complicado decir lo que somos cuando el proceso de hacernos, de sernos, está aún en realización. Dicho de otra forma: nunca sabemos lo que hemos sido hasta que dejamos de ser. Valdría aquí la metáfora de la suma: vamos añadiendo factores pero el resultado de la operación no se desvela hasta que se traza la fatídica linea de la muerte. Fue (fuimos) feliz o no lo fue (no lo fuimos). Desde el punto de vista existencialista es más fácil responder a la pregunta por quién fue feliz que a la pregunta por quién es feliz o quién va a serlo. Fundamentalmente porque la vida aún por vivir es siempre un interrogante que puede echar por tierra lo que pensamos que es una felicidad segura y cierta. Así que como el asunto está delicado, empezamos este 2011 con una felicitación más sencilla: ¡Feliz año! Y que cada uno lo adjetive como quiera: nuevo o viejo.

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