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Ideología y solidaridad

A raíz de la propuesta de un impuesto mundial

No sé si a estas alturas de la película hemos logrado ya superar ciertos estereotipos políticos que empobrecen cualquier clase de debate. Uno de ellos es el que relaciona a los diversos partidos y sus ideologías con el nivel de ingresos. Así, es un lugar común afirmar que los partidos de derechas defienden los intereses de "los ricos", mientras que los de izquierdas abanderan la causa de "los pobres". Dejemos para otro momento la crítica de esta idea. Quisiera centrar la atención en cómo cada una de estas ideologías abordan el problema de la pobreza o, dicho de otra manera, cómo orquestar las ayudas a quienes más lo necesitan. Ayer mismo se habló en la ONU de la posibilidad de crear un impuesto mundial. En cierta manera es esta una de las cuestiones que nos pueden servir de piedra de toque para comprender de una manera muy sencilla las diferencias entre ambas ideologías. Ya sabemos que no se dan de forma auténtica y pura en ningún país del mundo, pero sí marcan ciertas tendencias que pueden ayudarnos a comprender algunas de las decisiones que toman los gobiernos. Y de fondo, debería servirnos para un debate más amplio: ¿Cuál es la mejor estrategia para fomentar el desarrollo económico y social del mayor número posible"

La respuesta del socialismo es sencilla: el sistema económico dominante es el capitalismo cuyo efecto más inmediato es un aumento de la desigualdad. Los dueños de los "medios de producción" (empresarios, diríamos hoy si actualizamos el vocabulario) se enriquecen a un ritmo mucho mayor que el resto, por lo que es necesario buscar mecanismos compensadores. Y es ahí precisamente donde cobra todo su sentido la actuación del estado. La función redistribuidora del mismo se canaliza a través de la recaudación de impuestos y las diferentes políticas sociales: subsidios de desempleo, educación, sanidad, etc. De esta manera, el socialismo parece desconfiar de la solidaridad del individuo: los que más riqueza poseen no van a estar dispuestos a compartirla, y los diversos organismos políticos se convierten, hasta cierto punto, en "instituciones" de la solidaridad, que está garantizada por la buena voluntad del estado. Desde esta perspectiva, la sociedad será más solidaria cuanto mayor sea el estado, cuantas más competencias y atribuciones atesore.

Muy distinta es la perspectiva del liberalismo: el crecimiento del estado no significa necesariamente una sociedad más solidaria, una mayor cobertura para los que menos tienen. Las instituciones políticas implican burocracia, largos procesos, pérdida de eficacia y costes que evitan que los recursos lleguen a sus pretendidos destinatarios. Y esto por no mencionar la corrupción y el despilfarro, que siempre amenazan a cualquier sistema político. Por ello, la propuesta liberal es muy distinta: el espacio público ha de reducirse todo cuanto sea posible y los organismos públicos no tienen por qué asumir la redistribución o la solidaridad como una de sus tareas. Al contrario: cada individuo dispondrá de sus recursos como crea más conveniente y no tenemos que dar por sentado que será incapaz de destinar parte de su dinero o de su tiempo en causas solidarias. El altruismo no es una actitud política o social, sino individual y como ejemplo podríamos fijarnos en empresarios que apoyan a ONG's o que llegan a crear fundaciones de carácter humanitario. La tesis que identifica liberalismo con egoismo es simplona y pueril. Dejando de lado nuestras filias o fobias ideológicas, siguen vivas algunas cuestiones: ¿Cuál es la mejor estrategia para hacer frente a la pobreza" ¿Qué tareas (y cuáles no) deberían ser asumidas por el estado" ¿Queremos que las instituciones públicas asuman más tareas solidarias o que renuncien a alguna de las que tienen" ¿Es la solidaridad o el altruismo una actitud política, ética, social, individual..."