Pasar al contenido principal

La Ilustración islámica

¿Lograrán "ilustrarse" las sociedades islámicas?

Las revueltas que se están produciendo en los países islámicos despiertan inquietud e interés a partes iguales. Conviven dos interpretaciones contrapuestas. De un lado quienes se muestran totalmente esperanzados en que las manifestaciones logren la democratización de los países islámicos. Un entusiasmo que puede recordar al que mostraba Kant, según se cuenta, cuando trataba de estar lo más enterado posible del progreso de la revolución francesa. De otro lado, hay quienes ven en las protestas movimientos orquestados en la sombra, mecanismos y reorganización del poder nacional e internacional, que dará paso a nuevas teocracias y a pequeños cambios en el juego de fuerzas del panorama internacional: que todo cambie para que todo siga como antes. Y de fondo, está una cuestión que viene siendo discutida de lejos: Islam e Ilustración.

Uno de los reproches que se escuchan con mucha frecuencia es que la religión de Mahoma no pasó nunca por la Ilustración. Fue víctima de uno de esos juegos de la historia: pasó de ser una de las civilizaciones más avanzadas e "ilustradas" del mundo en la edad media a permanecer totalmente alejada de la ciencia y las ideas reformistas tan sólo cinco siglos después. Esta valoración parte con toda seguridad del desconocimiento en profundidad de los países islámicos: a buen seguro tiene que haber habido científicos, artistas, intelectuales o simplemente personas anónimas que hayan luchado por llevar la Ilustración también a su país. Pero la generalización y el posible etnocentrismo no invalida que pueda recoger una tendencia general de las sociedades islámicas contra la libertad de pensamiento. A buen seguro figuras como la de Salman Rushdie o tantos otros no son exclusivas de nuestro tiempo, y la historia del islam tiene que estar bien nutrida de ejemplos de quienes lucharon por un pueblo más autónomo, capaz de pensar y decidir por sí mismo.

Cada sociedad tiene que ser impulsora de su propia Ilustración. La discusión de la influencia de la Ilustración occidental en las sociedades islámicas ha de permanecer en un segundo plano, si lo comparamos con la importancia que podrían tener las revueltas de las últimas semanas. La clave está en que el proceso de reforma nazca dentro de la propia sociedad, y no al servicio de grupos de poder que muevan los hilos en la sombra. La experiencia occidental puede servir de advertencia: la revolución francesa desembocó en el terror jacobino, y, en último término, con Napoléon. La libertad, la igualdad y la fraternidad quedaron totalmente desdibujadas. Si ambas situaciones fueran comparables, deberíamos ser extremadamente cautos: falta aún mucho camino por recorrer y vendrán sucesos que acentuarán el terror y la destrucción. A no ser que podamos presenciar una especie de milagro histórico: que varios países se acuesten teocráticos y despierten democráticos. Entre medias ha habido siempre una larga noche que dormir, muchos sueños y pesadillas con los que lidiar. Y probablemente, la Ilustración siga siendo aún un sueño para muchas de las sociedades islamistas que hoy comienzan a despertar a valores como la libertad o la democracia.