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Manzanas traigo

O cómo saltar de un terremoto en Japón al debate nuclear

Vivimos en los tiempos de la confusión. O probablemente la confusión lleve acompañándonos desde hace ya siglos, y el ser humano se caracterice precisamente por lo opuesto al pensamiento: aquello de la claridad de ideas y la distinción no es nuestro fuerte. Está ya en la cultura popular: "¿De dónde vienes" Manzanas traigo". O cantado incluso a ritmo de jota: "Como sé que te gusta el arroz con leche, por debajo la puerta te echo un ladrillo". La misma linea de pensamiento es la que reina en muchos medios hoy: "Como un terremoto provoca una ola que se ha cargado una central nuclear, vamos a atacar la política energética". Causas y efectos entremezclados. Algo que generalmente se aprende a separar incluso en 4º de ESO, cuando se plantea un cuento con distintos personajes que interactúan produciendo una fatal consecuencia. ¿Cuál de todos los personajes es el responsable" Nosotros lo tenemos muy claro: la responsable de todo es la energía nuclear. Todo es cuestión de darle la vuelta a la historia: al final será una central nuclear la que ha provocado un terremoto que ha terminado volviéndose en su contra.

Plantear el debate nuclear en medio de un desastre provocado por irregularidades en una central o por su mala gestión o funcionamiento me parece legítimo y necesario. Poner el tema sobre la mesa cuando un desastre natural impredecible y aleatorio, sin precedentes en la historia reciente, se lleva por delante las instalaciones de una central es, como poco, oportunista y quizá irresponsable. Tanto como que un consejero de la laica Europa hable de apocalipsis a miles de kilómetros de distancia. Invertir las causas y los efectos no nos lleva a ningún lado: es el terremoto el que ha causado la catástrofe. Después de garantizar la seguridad de la zona y organizar las medidas más necesariar y urgentes, será el momento de discutir calmadamente sobre si queremos o no energía nuclear, y dónde y en qué condiciones situar las centrales. Flaco favor político, económico, social y humanitario estamos haciéndole a Japón si nos limitamos a observar la tragedia desde la distancia y a rasgarnos las vestiduras por las centrales que están funcionando cerca de nuestros hogares. No creo que sea esta la actitud más ecológica, ni tampoco la más humana.

El debate de la energía nuclear es ténico, social, económico, ecológico y... ético. Son tantas las vertientes que se entrecruzan que se hace imposible mantener cualquier diálogo serio, riguroso y fluido si se quiere convertir en el punto central del problema un desastre natural que ha tenido consecuencias sobre una planta nuclear. Existen argumento sólidos para poner en duda la energía nuclear mucho más allá de la remota posibilidad (que en muchos lugares tiende a cero) de que un terremoto provoque un tsunami que a su vez llegue a afectar a los reactores de una planta energéticas. De hecho se puede dar un paso más: los que están a favor de la energía nuclear podrían decir precisamente que hay que llenar de centrales todas aquellas zonas en las que no haya riesgo sísmico o de cualquier otra catástrofe. El argumento a favor o en contra debe girar en torno a las características de la propia central, la energía que crea y sus residuos correspondientes. Teniendo en cuenta, por supuesto, los consumos relacionados con la sociedad y la industria, y su impacto sobre la naturaleza. Cualquier otra cosa es demagógica. Tanto, como criticar todas las fuentes de energía existentes y sacar el champán bien frío de la nevera para celebrar el fin de la energía nuclear.

Después de la caída del bloque soviético, la izquierda Europea, se ha quedado sin discurso filosófico, político y económico. Desgraciadamente, y en vez de plantear una nueva política de izquierdas, a la altura de los tiempos, simplemente, se limita a repetir las mismas consignas panfletarias y caducas. Esta izquierda Europea está francamente desorientada. Confiemos, por el bien de todos, que logre superar todas sus contradicciones. Un Saludo