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Obligados, ¿hacia el mañana?

¿Tenemos obligaciones morales respecto a nuestros descendientes?

¿Por qué debemos conservar la naturaleza"La semana pasada hablábamos en clase de Educación ético-cívica del concepto de responsabilidad, al que hemos dedicado la nada despreciable cifra de dos horas. Son estos conceptos tan inútiles y prescindibles los que ocupan la mayor parte del temario de la criticada ciudadanía, con la que tanta demagogia se ha hecho en periódicos, radios y televisiones. Debatíamos precisamente en torno a la responsabilidad ambiental, y explicábamos el principio de responsabilidad de Hans Jonas. Hablábamos de la obligación moral que tenemos de dejar la naturaleza a nuestros descendientes en las condiciones necesarias para que la vida humana se pueda seguir desarrollando en unas condiciones dignas. Y no eran pocos los alumnos que cuestionaban esta propuesta: ¿Cómo vamos a tener obligaciones morales hacia aquellos que todavía no existen" En su opinión, las catástrofes serán evitables, y la ciencia y la tecnología serán capaces de encontrar soluciones a los problemas que surjan. Estaban argumentando, sin saberlo, en favor de la ética del cow.boy: si nuestra manera de vivir compromete el futuro de la naturaleza, seremos capaces de encontrar alternativas que no afecten al nivel de vida, logrando compatibilizar el progreso y la conservación del entorno.

Afortunadamente, este tipo de argumentos suelen ser minoritarios. Pero reviven cada vez que un gobierno o cualquier otra institución pública aboga por medidas de ahorro y limitación de consumo. Es habitual dejarse llevar por una tendencia curiosa: pensar que todo, absolutamente todo lo que aprueba el gobierno de turno tiene motivaciones ocultas y maléficas. Se habla de afanes recaudatorios, de limitaciones a la libertad y de otras muchas cosas, cuando lo cierto es que hay muchos indicadores que señalan que nuestro modo de vida agoniza. En medio de la rutina que acalla el pensamiento nos dejamos llevar sin reparar en un datos tan sencillos como el consumo energético, la cantidad de agua o la calidad del aire. Nadie está hablando de ponerse trágico y dejarnos llevar por mensajes apocalípticos sobre nuestro futuro inmediato: una mirada serena es más que suficiente para darse cuenta de que somos responsables de lo que hacemos con la naturaleza, al margen incluso de consideraciones morales hacias las generaciones futuras.

En efecto: no es preciso mirar al mañana para que se activen ciertos comportamientos morales. Basta levantar lanzar la mirada a nuestro alrededor. Ciertas situaciones de injusticia, desigualdad y explotación guardan una relación directa con problemas ecológicos relacionados con nuesto modo de vida. Si tenemos obligaciones morales hacia nuestros semejantes, cosa que nadie parece discutir, deberíamos tomar conciencia de que cuidar el medio es el primer paso para cuidarles a ellos. Agotar el agua o contaminar el aire no compromete la vida de las generaciones futuras: está comprometiendo la vida de miles de millones de seres humanos hoy. Existe lo que se podría llamar "pobreza ecológica", esto es, una situación de miseria derivada de las condiciones medioambientales. Y esta es una razón de peso para entender que la responsabilidad afecta también al medio natural, y que el imperativo de Jonas puede formularse a un plazo de tiempo mucho menor que el propuesto en su momento. Que la vida humana sea posible en condiciones dignas hoy. Bastante tarea es esta, además de ser una condición indispensable para que pueda haber un mañana.

Hay una frase que me llamado mucho la atención: “Si tenemos obligaciones morales hacia nuestros semejantes, cosa que nadie parece discutir, deberíamos tomar conciencia de que cuidar el medio es el primer paso para cuidarles a ellos.” Francamente, me gustaría que ello fuera así, pero es que, ni a nivel teórico ni a nivel práctico, parece que se de cumplimiento a lo afirmado en dicha frase. Vivimos en una sociedad en la que está triunfando el liberalismo económico, político y filosófico. Dicha doctrina considera que el ser humano, la persona, no es constitutivamente social (como afirma el personalismo, por ejemplo) sino que el ser humano es algo “acabado”, por así decir, y sólo posteriormente, se pone en contacto con los demás seres humanos. Es decir, que no necesita de los demás, para ser persona. Esa doctrina considera, en lo económico, que la única función del Estado es la de mantener y defender los intereses de cada uno de los individuos. De los intereses particulares de cada uno de los individuos. Por lo tanto, lo que defiende es el individualismo, y no, el colectivismo. Y es por esto, por lo que en lo político, defiende una democracia representativa (en realidad, un cierto elitismo)que defienda los intereses particulares de cada uno de los individuos frente a aquellos que consideran que la democracia debe ser participativa y orientada a los intereses generales. En realidad no es que un individualista considere que no tiene obligaciones morales hacia los semejantes, sino, que esa obligación moral es algo secundario o derivado, y siempre y cuando, sirva a sus intereses personales. Un Saludo