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Riesgos y beneficios

¿Quién quiere un ATC cerca de su casa?
¿Dónde colocar el ATC" Energía nuclear y naturaleza

Además de mortales, todos los seres humanos tenemos algo de epicúreos: nos gusta disfrutar de la vida y, en la medida de lo posible, evitar dolores y sufrimientos. El hecho de ser así y vivir en sociedad nos coloca ante tomas de decisión peculiares, en las que hemos de medir los riesgos y posibles beneficios. En los últimos meses el tema de los almacenes temporales de residuos nucleares ha sido la manzana que ha sembrado la discordia: están los que quieren disfrutar de los beneficios económicos que implica para la zona en que se instale y por otro lado los que no están dispuestos a asumir los riesgos ecológicos que podría implicar este tipo de instalaciones. Riesgos que son minimizados por una disciplina, la ciencia, que tan pronto encuentra tratamientos revolucionarios para una enfermedad mortal como alarma innecesariamente a la población de una pandemia mundial que termina revelándose como una gripe de las más flojitas que se recuerdan. Riesgos y beneficios a repartir, posibles placeres y dolores, y ello sin que sea posible distribuirlos de una forma equitativa.

El problema de este tipo de decisiones es la asimetría que implican: los beneficios económicos se localizan en una zona geográfica muy concreta, mientras que los riesgos potenciales alargan su sombra bastante más allá que los euros. Y todo ello condicionado por algo irrefutable: en tanto que los residuos existen, la decisión es necesaria e inaplazable. Estamos ante uno de esos problemas en las que el progreso científico y tecnológico nos obliga a tomar partido: los residuos nucleares están ya ahí, y se agota el tiempo de tenerlos almacenados en otro país. La estrategia entra en juego y nos sitúa en una posición que podría recordarnos a la del dilema del prisionero: nadie quiere el resultado nefasto de la contaminación nuclear, pero si el pueblo de al lado lo solicita estamos expuestos a los riesgos sin tocar los beneficios. Por eso no es de extrañar que las solicitudes para albergarlo se hayan extendido por algunas zonas como una especie de fuego nuclear: puestos a exponernos, al menos poder sacar algo a cambio.

Con todo, la decisión traspasa la teoría de juegos y la economía y nos plantea otra serie de problemas, en este caso de soberanía. ¿Quién puede legítimamente presentar su candidatura" La pregunta es compleja ya que se trata de una decisión que a corto plazo afecta a un municipio, pero a medio y largo plazo puede tener consecuencias en toda una región. De nada sirve que un pueblo que está contra la instalación de la planta en su territorio se oponga, si el alcade vecino decide presentar su candidatura con el respaldo del pleno del ayuntamiento. A medio camino entre lo local y lo global, quizás podría encontrarse una solución política: exigir como condición que sean los ayuntamientos pertenecientes a toda una comarca los que se pongan de acuerdo para presentarse y que todas las localidades reciban beneficios por los riesgos que aceptan. Con todo, siempre quedan interrogantes abiertos: estamos convirtiendo el campo español en el basurero científico-tecnológico, dando por sentado que el sector primario sobra en la economía de un país. Problemas éticos, ambientales, económicos, sociales, científicos, tecnológicos... todos íntimamente unidos ante una decisión. ¿Dónde situar el dichoso almacén"

P.D: fuente original de la imagen. Y ya que estamos enlazamos también las imágenes de secciones de una central nuclear

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