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Sobre torturas y penas

Sobre el artículo quinto de la declaración

Podemos leer en el artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

"Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes."

Si confrontamos el contenido del artículo con los últimos años, comprobamos de inmediato que dista mucho de cumplirse. La crítica habitual mira hacia Guatánamo o cárceles como la de Abu Ghraib. Y si queremos evitar la sospecha de "antiamericanismo", se podrían citar ejemplos de cárceles turcas, chinas o incluso europeas. Tampoco faltan las noticias que, de vez en cuando, cuestionan las actuaciones de ciertas cárceles españolas o incluso de centros de menores que emplean métodos demasiado expeditivos. Una vez más chocan frontalmente las propuestas éticas de la Declaración con la marcha de la realidad y parece dudoso que quien redactó la declaración tuviera en cuenta las condiciones reales de la vida humana.

Es un hecho que existe la tortura y el trato cruel. Y una valoración añadida señala que en una mayoría aplastante tales hechos son producto de una violencia gratuita: las situaciones asimétricas de poder rompen la condición humana. El prisionero pierde su dignidad y pasa a concebirse como un mero objeto del castigo. Su concepción de sí mismo, del ser humano y el mundo nunca podrá ser la misma después de la tortura. Pero también el carcelero pierde buena parte de su humanidad: no hay manera de torturar que no implique deshumanización. La presión por las órdenes recibidas de arriba puede servir de coartada legal, pero no de justificación moral o psicológica. En cierta manera, la cárcel anula las normal morales, los razonamientos prácticos: los prisioneros son materia prima, carne de cañón reemplazable. Si el orden legal genera este tipo de situaciones, las respalda y justifica, ¿qué sentido tiene formular este quinto artículo" ¿La única justificación del mismo es su capacidad crítica o su dimensión de "horizonte ético" al que apuntar"

Podríamos preguntarnos, aceptando la orientación ética de este artículo, hasta qué punto es defendible: no es lo mismo proyectar un orden moral para la vida cotidiana que para un contexto en el que unos seres humanos deben ser vigilados por otros. El optimismo antropológico se disipa en cualquier correcional: se pueden generar situaciones de enfrentamiento en las que las torturas pueden considerarse como respuestas exageradas, pero que requieren de una respuesta violenta y agresiva para resolver el conflicto. Los funcionarios de prisiones o los "educadores" de los centros de menores saben mucho mejor que cualquiera de nosotros el abismo que existe entre este artículo y las circunstancias en las que se desarrolla cotidianamente su jornada laboral. El artículo 5 se refiere a "penas y tratos crueles": ¿cómo habría que calificar a las cárceles de cualquier país que se pretende "civilizado"" Sabemos que la cárcel ni educa ni reinserta, y que probablemente no pueda hacerlo nunca. Y si una condena carcelaria es "cruel" o "degradante" es incompatible con el artículo que comentamos hoy. ¿Qué sentido tiene entonces este artículo o la declaración en general" ¿Qué ocurriría en un mundo en el que se cumplieran todos los derechos humanos" ¿Habría más o menos violencia que en el actual" ¿Existirían las condiciones reales para castigar a quien actúe contra la sociedad o viviríamos en un clima de total impunidad"

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