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Individuos y grandes grupos sociales, unidos irremediablemente

Cuando se explica el concepto de sistema en primero de bachillerato, los alumnos suelen expresar cierta perplejidad. No se entiende bien eso del sistema, y mucho menos la teoría de sistemas, el intento de encontrar leyes y principios que nos ayuden a explicar esa interrelación entre individuos y grupos. Y el caso es que, por desgracia, la actual crisis económica es un excelente ejemplo de cómo los grupos y los individuos propician el cambio social. En función de ideologías previas, cada cual busca su propio chivo expiatorio: los políticos, los banqueros. Pero quizás el adjetivo que mejor lo explica todo es precisamente el de sistémico. Los problemas que está sufriendo sufriendo nuestra sociedad no encuentran su origen en un único foco. Y eso es precisamente lo que quiere decir vivir en una sociedad que es un sistema. Fallos en uno de sus elementos se transmiten al resto de la sociedad, y al final todo corre el peligro de verse amenazado.

Que formamos parte de un sistema lo ponen de manifiesto dos casos a cual más complejos, y que son en cierta forma dos caras de la misma moneda: "salvar" a los bancos con dinero público y los desahucios. Permitir que un banco en una sociedad cualquiera quiebre significa que los clientes del mismo van a perder una parte importante de sus ahorros y depósitos. Salvar al banco no es salvar a la sociedad, pero si a una parte de la misma. Resulta moralmente desconcertante que la mala gestión de sus dirigentes afecte de una forma tan brutal a la marcha de todo el país, y sería necesario poner en marcha todos los mecanismos disponibles para que los sueldos millonarios y las indemnizaciones se suspendan. Pero no se puede dejar de lado que el banco está formado, principalmente, con el dinero de cada uno de los clientes. Lo que le ocurra al todo conlleva un efecto directo en cada una de sus partes.

Los desahucios son la otra cara de la moneda. En este caso, lo que le pase a cada uno de los individuos afecta al todo. Las decisiones legislativas que se tomen van a salvar a agunos y serán inútiles para otros. Pero la política que se adopte se dejará notar a medio o largo plazo en la cantidad de hipotecas que se concedan y el tipo de interés. La economía nos brinda así buenos ejemplos de lo que significa vivir en un sistema: lo que le ocurra al todo influye en las partes y viceversa. Y podemos volver a la crisis y jugar a buscar causantes: los políticos son responsables de cimentar el crecimiento económico español en el ladrillo. Los banqueros aprobaron lineas de actuación que privilegiaban la concesión de hipotecas y promociones inmobiliarias como forma de hacer dinero rápido. Los propios ciudadanos se enriquecieron personalmente apuntándose al chollo: desde trabajadores sin cualificación que ingresaban buenos sueldos mensuales hasta inversores avispados que compraban pisos con mero afán especulador: comprar a 5 y vender a 8 en menos de un año. Dinero fácil. La crisis ha estallado en las narices de todos, y ahora llega el turno de repartir garrotazos y buscar culpables. El problema es que cuando todo falla, es difícil mantener la mirada acusadora. Son las consecuencias de vivir en un sistema.